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Gana en el Mundial a Bosnia con golazo de la Pulga. Eficaz maquillaje para un gris partido colectivo e individual. Pobre consuelo que el ‘10’ sólo mejore su imagen con el Barcelona

OPINIÓN

Llevan tres puntos, un gol más a favor y cuatro menos en contra que España, pero la Argentina que ganó a Bosnia (2-1) este domingo no es una Argentina como para soñar con el Mundial.  “El negocio del siglo es comprar a un argentino por lo que vale, y venderlo por lo que dice que vale”. Un irónico dicho popular con tanta retranca como acierto y, en este caso, exportable además al Mundial de fútbol, por la condición de favorito que se etiquetan los propios argentinos y lo que terminaron demostrando en su debut en Maracaná. Al lado del Italia 2-1 Inglaterra de veinticuatro horas antes fue una broma de mal gusto, con más de una hora de insulso e inoperante fútbol. Sólo a partir del gol de Lionel Messi, Bosnia permitió a Argentina desatarse al dejarle huecos, en parte por cansancio y falta de fe, y en parte porque sus jugadores se quedaron descolgados arriba, brindándole a los albicelestes metros para correr con el balón. Irónicamente, y para terminar de rematar este agridulce y farragoso debut, fue entonces cuando Ibisevic marcó el gol para los europeos.

Que tenían un ataque demoledor, todos lo sabíamos ya, pero las opciones de conquistar un título mundial no pasan únicamente por marcar goles, sino también por dominar el juego y evitar que te los marquen. Y en esas dos facetas, Argentina demostró no tener a una defensa y una medular a la altura de sus atacantes. Por el empaque que aportan, pero sobre todo, por el deficiente trato del balón. Que Fernando Gago, que puede pasar perfectamente por uno de los mayores ‘impostores’ que han atravesado el fútbol europeo, fuera el remedio a los males creativos de la albiceleste dice mucho del déficit que ha arrastrado hasta este Mundial. Ante Bosnia en el debut le ha valido, pero en ese mismo escenario ante una selección de mayor calado, es perfectamente plausible que no.

Y si le valió ante Bosnia fue además seguramente por un oportuno gol de Lionel Messi. Un golazo, mejor dicho. Aunque, al igual que sucede con su selección, quien no vea únicamente el resultado o los goles de los resúmenes, seguramente haya quedado con cierta desazón por la actuación de la Pulga. Cierta, repetimos. Y es que es cierto que al ‘10’ se le vio bastante más enchufado con la albiceleste que con la blaugrana. Con muchas más ganas. Claro que, pobre consuelo cuando la desidia fue la nota predominante del pasado curso de Messi en el Camp Nou. Para empeorar su imagen realmente debía proponérselo.

De ese extra de vigor y afán seguramente el golazo que anotó, marca de la casa. Pero lo que no saldrá en los resúmenes del partido serán las otras decenas y decenas de veces que se apoderaba del balón en las proximidades de la galleta central y sus eslálones quedaban en agua de borrajas. Ahí sí se pareció más al Messi del Barcelona, ciertamente. Confundido en su estilo, impotente en sus intentos por rescatar su versión imparable de años atrás. Esa versión. La que enamoró a todo el mundo, y la que sólo ha vuelto a aparecer en los últimos tiempos a cuentagotas. De aquel futbolista de videojuegos sólo quedan las portadas, donde ahí sigue siendo protagonista. Que puede retomarla es evidente, siendo un jugador otrora inigualable. Que este partido con Argentina ante Bosnia puede ser un primer paso en firme para ello, permítanme que lo considere insuficiente. Lleva mucho tiempo mirándose los cordones de las botas por los campos de España y Europa como para borrar todo eso de un plumazo por cuatro carreras y un gol.

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