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El ‘10’ de Brasil brilló en el debut del Mundial con dos goles, echándose el equipo a las espaldas. La canarinha jugó para él, y respondió con creces. Lo que nunca en el Barcelona

OPINIÓN

Fue el debate de moda el pasado verano en España: ¿será un problema deportivo o extradeportivo juntar en el mismo equipo a estrellas como Gareth Bale y Cristiano Ronaldo, o a Lionel Messi con Neymar? Miles de teorías y confabulaciones se escribieron entonces, no todas con mucho fundamento, pero no ha sido hasta un año después que se ha sabido la respuesta. En el Real Madrid, no sólo no ha existido mala baba entre el ‘7’ y el ‘11’, sino que su maridaje sobre el césped le ha dado la Copa del Rey y la Champions League a la entidad de Concha Espina. Sin embargo, en Barcelona, la cuestión es bastante más espinosa. A Johann Cruyff le han salido agujetas en la lengua de proclamar a los cuatro vientos todos los conflictos que supuestamente habría traído al vestuario culé la llegada de Neymar y, sobre todo, su sueldo. No lo parece, desde fuera. Pero otra cosa es lo que sucede dentro del campo, cuando el balón empieza a rodar. Y si alguien tenía dudas, el partido inaugural del Mundial entre Brasil y Croacia debió despejarle la zozobra: Neymar rinde más sin Messi que con él.

Primero, es cuestión de la posición sobre el campo. Luis Filipe Scolari ha confeccionado un combinado canarinho a la medida de Neymar. Es el ‘10’ y juega de ‘10’. Con libertad de movimientos en la mediapunta, para vencerse a una banda, bajar a recibir, o inclinarse contra la portería contraria. Con libertad para defender también y dosificarse los esfuerzos. Neymar manda, ‘Neymar rules’. Lo que en el Barcelona está reservado a Messi, por cierto.

Pero no sólo es la posición que ocupa Neymar en el rectángulo de juego, sino el rol que protagoniza. Neymar es el ‘10’ de Brasil, juega de ‘10’ y hace lucir el ‘10’. Sus compañeros le buscan constantemente, le abren los huecos para que pueda desplegar su velocidad y desborde, quieren su remate y su gol. Juegan para Neymar. ¿Saben ya quién ocupa ese papel en el Barcelona? Sí, Lionel Messi de nuevo. Muchos gallos para un solo corral, que dirían algunos. Johan Cruyff entre ellos, seguro.

Y quizás tengan razón, vista la actuación de Neymar con su selección. Pues el gambeteador atacante no sólo destacó por marcar los dos goles que encarrilaron la victoria amarilla. El del penalti, ‘regalado’ entre el trencilla y el portero croata, por cierto. Sino sobre todo, Neymar brilló ante Croacia porque en la primera parte se echó el equipo a las espaldas cuando peor pintaban las cosas para la anfitrión, cegada en los minutos iniciales y con el marcador ya en contra. Una demostración de talento, por todo el campo, con maniobras de todo calado, pero sobre todo de confianza. Precisamente lo que durante muchas fases le ha parecido faltar con la elástica blaugrana.

“Es que con Brasil lleva jugando más tiempo que con el Barcelona”, pensarán algunos. Acertadamente, además. Sin embargo, no es menos cierto que la tensión de un partido inaugural de un Mundial con Brasil siendo el anfitrión es infinitamente mayor que cualquier partido en la Liga española. Y sin embargo, con el Barcelona no ha podido superar en este año esa fase de auto reafirmación. ¿Por el lógico proceso de adaptación? Seguro. ¿Porque al lado tiene a un gigante que fagocita la posición, el rol, el ego y el protagonismo de todos a los que rodea? También. Inocente o intencionadamente. Los Bojan Krkic, Zlatan Ibrahimovic y David Villa lo saben bien. Y vistas las prestaciones que Neymar demuestra saber dar en partidos de la más alta exigencia fuera del equipo blaugrana, parece que el ‘efecto eclipse’ de Messi también está afectándole a él. Si fuera dirigente del Barcelona, este debut mundialista me habría hecho abrir el cuaderno de las cuestiones pendientes por resolver, desde luego. Bien harían.





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