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El éxito logrado en Lisboa era el empuje que necesitaba el club blanco para volver a sus orígenes. Ha llegado la hora de iniciar un ciclo brillante

El Real Madrid ha vivido una década complicada, con problemas deportivos e institucionales, además de una sensación de inestabilidad que amenazaba con convertir la entidad en un barco a la deriva.

Ramón Calderón, López Caro, Vanderlei Luxemburgo, García Remón, Carlos Queiroz, Vicente Boluda, Juande Ramos, Manuel Pellegrini… nombres y más nombres conectados a un Real Madrid cuya identidad se tambaleaba, como si no pudiera ponerse de pie y caminar, en un claro guiño a Keegan Deane.

En los últimos cuatro años, el club parece haberse modernizado. Pasó de estar en el segundo bombo de la Champions League a ser cabeza de serie, semifinalista y, posteriormente, campeón de Europa. Todo ello sobre un camino recto, aunque muchos nos hayan querido vender un trienio de torturas a manos de José Mourinho o un mandato hilarante de Florentino Pérez.

La sensación es que el fin justificó los medios, que a la meta se ha llegado sin atajos pese a lo duro de la senda. Mourinho profesionalizó el club, devolvió la competitividad y rescató los verdaderos valores, que son tales -no mediáticos- como “morir en el campo” o “luchar hasta el último minuto”.

Ancelotti recogió lo bueno de su antecesor, corrigió lo malo -vestuario dividido y cierta crispación en el ambiente- y supo armar un proyecto sólido y ambicioso. El mayor elogio que ha recibido por parte de varios medios ha sido el de ser un pacificador, como si ser una persona tranquila bastase para conquistar Copa y Champions. Los profesores de yoga ya echan currículums para sustituir a Ancelotti.

De cara a la próxima temporada, el optimismo debe ser máximo. El Real Madrid se ha quitado toneladas de peso de encima y tiene, en Atlético de Madrid y FC Barcelona, dos rivales que iniciarán el curso con dudas. Los colchoneros viven pendientes de minimizar la desbandada, mientras que los culés rezan para que Luis Enrique sea el nuevo Guardiola.

Estamos ante un nuevo Madrid, pero que nace con dos trofeos conquistados y la posibilidad de tres más en lo que queda de año: Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundial de Clubes.

El crecimiento se llevará a cabo desde la tranquilidad del trabajo bien hecho, la confianza en una plantilla espectacular, la seguridad que han ido dando los resultados y el bajón anímico que todo ello ha supuesto en los contrincantes. El madridismo feliz nació en 2014 y quiere tener años de vida.

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