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Nuestra columnista analiza las finales que se han vivido y se vivirán en el fútbol español y europeo

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

‘Majareta’ Beto, el nuevo Paco Buyo del siglo XXI. Un portero chiflado para un Sevilla alocado que hace unos meses estuvo a punto de despedir a Unai Emery y que, con el encarcelamiento de Del Nido parecía que se iba a inmolar. Pero el sevillismo tiene ese punto de fe ciega parecido al Real Madrid que le hace creer en remontadas imposibles (el cabezazo de Mbia en Mestalla) y partidos inimaginables como la vuelta del derbi sevillano. Sin duda, es un campeón curioso porque cuenta con un talento que vale su peso en oro: Rakitic. Un delantero que de la nada aspira a olvidar a Falcao en Colombia, Carlos Bacca, y algún que otro jugador pasado de vueltas como el Reyes de siempre. Pero este Sevilla respira según le dé a su venal portero, siempre dando botes al borde del precipicio. La noche de Turín conjuró el espíritu eterno de Antonio Puerta con la quinta de Kanouté y Palop. Y si el Sevilla de Juande Ramos llegó a ser la envidia de Europa no una sino dos veces, el de Emery parece que está de paso (hasta que los grandes tarden en desmontarlo) pero, ¡qué demonios!, también ha hecho historia. Tricampeones de Europa y dejando al Benfica compuesto y sin novia, y con su Béla Guttmann, el de la maldición, partiéndose de risa otra vez desde el cielo.

Emocionante fue la final de anoche y taquicárdica será la del Camp Nou. Hacía medio siglo que los dos candidatos no salían a jugar entre ellos a vida y muerte. Y visto en perspectiva, el Barça llega más desahogado; más que nada, por toda la presión que se quitó gritando a los cuatro vientos que la Liga estaba perdida. Si ahora se la llevan, su temporada no habrá sido tan nefasta. En cambio, a Simeone no se le puede dejar de aplaudir: suceda lo que suceda, este Atleti es el equipo de España, el pequeño que se atrevió a desafiar a esas dos moles que siempre lucen cadenas de oro y un buen pedrusco en el anillo. No obstante, los rojiblancos merecen algún título simplemente por la lucha de presupuestos, que hoy día lo son casi todo en este negocio (que no deporte) del fútbol. Messi tiene la última oportunidad de demostrar a su grada que no ha estado tan de pachorra este año, mientras que Diego Costa pretende ofrecer su penúltimo servicio al club antes de su llegada al Chelsea. El discurso pestiño del partido a partido toca a su fin o, mejor dicho, cambia ya a final a final. ‘Cholismo’ en estado puro que será estudiado en la escuela de entrenadores. Ganar o morir, no hay más elección.

El Madrid aún no ha entendido eso del ‘cholismo’. Tiene gracia que habiéndola pifiado contra Valencia y Valladolid, todavía tuviese media Liga en Balaídos. Pues ni por esas. El Madrid que goleó al Bayern es ahora un holograma barato que pena por el césped. El talento no es el problema, sino la falta de ganas, que es mucho más grave. Entiendo que a Ancelotti se le torciese el gesto con un cabreo padre, incluso que Florentino Pérez, como he leído, bajase al vestuario de Vigo decepcionado. Este Madrid podía comerse el mundo y ahora se juega la temporada a una carta, tal como sucedió en la ‘Séptima’, ‘Óctava’ y ‘Novena’. El madridismo no concibe el ganar o morir atlético, aquí es gloria o fracaso casi rotundo. Así que, de momento, lo más potable fue Gareth Bale con aquel gol del coyote y el correcaminos de Mestalla.

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