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El conjunto rojiblanco tiene a tiro dos competiciones pero más vale asegurar el triunfo en alguna que volver con las manos vacías

La Liga BBVA y la Champions League podrían tener color rojiblanco esta campaña. Se trataría de un hito en la historia colchonera al lograr este doblete tan poco frecuente en el club del Manzanares. En toda su historia no han logrado llevarse a casa el trofeo de la máxima competición continental y puede que no vuelvan a tener una oportunidad como esta en mucho tiempo. En el torneo ordinario ha quedado claro que pueden pelear con los dos titanes del fútbol español pero en Europa la situación, y la ilusión, son distintas.

Nadie se esperaba que este equipo llegara hasta donde está ahora mismo. Era aventurarse demasiado pensar que lucharían por algún título pero ya increíble que pudieran pelear por dos. Pocos equipos están en tan buena situación como los pupilos de Diego Pablo Simeone pero este equipo también debe conocer sus limitaciones y exigencias de jugar al máximo nivel. Con una plantilla algo corta y con un fondo de armario carente de estrellas de garantías es harto complicado atisbar un rayo de esperanza en esta plantilla pero a base de fe han conseguido llegar hasta donde están en estos instantes.

La Liga es un trofeo que ilusiona dado que hace años que ni siquiera se acercan al título. Quieren emular aquella generación del doblete con la que maravillaron al mundo, con la salvedad de que en vez de la Copa luchan por la Champions. Tienen todo a su favor en el torneo ordinario pero no por ello será más fácil alcanzar la gloria. El último partido ante el Barcelona hace necesario que este equipo no pueda fallar. Cualquier error desencadenaría una catástrofe echando por tierra toda la temporada. Deben estar concentrados, descansados y motivados para luchar por este título y para ello requieren de toda la atención posible.

Ahora bien, con la Champions en el horizonte es complicado decidir. Nunca han logrado este título por lo que parece claro lo que a la afición le haría más ilusión. El máximo torneo continental, además con la final ante el Real Madrid, es casi lo máximo a lo que aspira un futbolista. Aunque Simeone se empeñe en afirmar que no tirarán ningún partido y pelearán cada acción, lo cierto es que puede que no aguanten y acusen el cansancio en el Camp Nou o en Lisboa.

El partido en Barcelona requiere que jueguen al 120% de sus posibilidades. Los jugadores acabarían extenuados pasándoles factura el esfuerzo de cara a la final de Champions. Además, emplearse a fondo en Liga podría hacer al equipo tirar el otro título por la borda. Diego Costa, la máxima esperanza arriba en cada encuentro, arrastra molestias y forzar su situación dejaría al equipo un poco tocado. Es cierto que el físico del hispanobrasileño es tremendo pero no por ello aguanta cuanto tenga que jugar. El Atlético de Madrid sin su ariete perdería toda posibilidad ante el eterno rival en Champions, y puede que en vano.

La Liga debe quedar en un segundo plano. La Champions League tiene ese sabor especial que haría olvidar a cualquiera un tropiezo en el torneo ordinario. Es una oportunidad única. En cambio, ganar la Liga y perder el otro título dejaría un sabor agridulce a los atléticos, que se quedarían con ganas de más. No tiene el reconocimiento ni el caché necesarios como para hacer callar a aquellos que no hacen más que criticar. Solo ganando el máximo torneo europeo alcanzarán la gloria, y ello pasa por repartir esfuerzos de forma desigual entre los dos partidos que queden.

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