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El éxito de aquel Barça que venció en Wembley tiene un paralelismo con el actual equipo rojiblanco

Diego Pablo Simeone y Johan Cruyff nunca desempeñaron la misma posición en el campo. Ni siquiera coincidieron en un terreno de juego como futbolistas. Tampoco exhibieron el mismo estilo sobre el césped, pero sí compartieron ciertos elementos que han sabido trasladar de la cancha a los banquillos, como hombres de club. Un sello de identidad y un carácter con el que han impregnado sus carreras en España.

La sequia de 13 años que acumulaba el Barcelona sin conseguir la Liga se vio saciada con la llegada de Johan Cruyff en 1973 a la Ciudad Condal. El '14' devolvía a los culés el placer por conquistar el título de la regularidad y abrir así unas vitrinas que acumulaban Copas del Generalísimo pero que se habían olvidado del peso de una Liga. El fichaje más caro del momento cumplía con el primer objetivo.

El segundo objetivo no sólo tardaba en aparecer sino que ni siquiera se rozaba. Europa se desvanecía del horizonte como un gran sueño nunca alcanzado. El lustro de Cruyff en el Barça no se tradujo en la conquista del continente pero sí sirvió para cambiar la mentalidad del equipo hacia el éxito, adjudicándose la Recopa en la temporada posterior a su marcha.

El plato, la Copa de Europa, tuvo que llegar a 'can Barça' precisamente con Cruyff en el banquillo y una generación envidiable sobre Wembley. La rebeldía, la fe y la inteligencia de Cruyff se habían contagiado sobre sus discípulos del mismo modo que él había adquirido los conocimientos futbolísticos de Rinus Michels. Una oda al juego ofensivo y al control del rival que cambió la filosofía de los blaugranas desde 1992.

El fichaje de Diego Pablo Simeone por el Atlético de Madrid en 1994 coincidió con el declive del Barcelona de Cruyff en la cac
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areada y ruinosa final de Atenas contra el Milan. La línea descendente de los catalanes se cruzaba con la ascendente de los madrileños, quienes tomaban aire merced a la fuerza y agresividad del 'Cholo' en el centro del campo del Vicente Calderón.

El mal llamado 'pupas' no sólo se hacía con la Liga en 1996, también se atrevía con la Copa del Rey en un histórico doblete, cerrando cualquier herida abierta y colocando al club, de nuevo, en lo más alto del panorama nacional. La lucha, la confianza y el sacrificio fueron el sello con el que quedaron marcados los colchoneros durante algunas temporadas. Lo suficiente para ganar parte del crédito perdido mientras esperaban su oportunidad. La cual ha llegado.

Hace dos años que ha regresado a su 'casa' del Manzanares con la vitola de vencedores de la Europa League dejada por Sánchez Flores, dicha estela, junto a la tensión del entrenador argentino, están derivando en otra temporada histórica que amenaza con dos campanadas, las cuales resonarán más fuerte que en el 96. La Liga está a falta de cuatro finales y la 'orejona' está sólo a dos pasos, los dos pasos que estuvo a punto de dar Luis Aragonés en 1974 y que gustosamente Simeone quiere realizar como ya hiciera Cruyff.

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