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Nuestro peculiar analista nos da su punto del Real Madrid - Barcelona del pasado domingo en su columna semanal

El Real Madrid – Barcelona del domingo dio para mucho. A decir verdad, fue un gran partido, y disfrute más viéndolo que Faubert en un buffet libre. Además, el partido me sirvió para confirmar mi teoría que hace ya unos cuantos años que en el Clásico hay una serie de situaciones que se repiten siempre. Siempre. Antes de Iker Jiménez (o el otro Iker, Casillas, que tiene bastante tiempo libre) lo investigue en profundidad, os presento brevemente los clásicos del Clásico:

  • Crucifixión al árbitro: ya te puedes llamar Unidano, Lahoz o Madre Teresa de Calcuta, que al final del partido te lloverán palos por todos lados. Hayas hecho lo que hayas hecho, eso da igual.
  • Pepe: lo dijo Piqué a grito pelao “¡Undiano, en cada partido está en todas!”. Efectivamente, no hay Barça – Madrid en el que Pepe no agreda, sea agredido o la líe parda. Es como un repetidor en la ESO, un manantial de problemas.
  • Penaltis: ¿qué sería del Clásico sin uno, dos, tres o setenta penaltis? Entre los que pitan y los que se reclaman da para tres tandas de penaltis a lo Betis – Sevilla.
  • Los cracks: Messi y Cristiano Ronaldo no fallan a su cita con el gol. Eso sí, esta vez Messi firmó un hat-trick, la rabia que sentía Cristiano se podía oler. Ya que hablamos de cracks, ayer hubo momentos en que eché en falta a Hleb, sé que su momento en el FC Barcelona llegará.
  • Sergio Ramos: otro que como Pepe tiene tendencia a liarla contra el Barça y acabar en las duchas antes de hora. Ayer hizo lo que yo llamo un Demichelis, provocar un penalti y expulsión a favor del Barça cuando peor lo está pasando.
  • Conspiraciones judeo-masónicas: desde la muerte de Kennedy y la llegada del hombre a la Luna no había existido otro tema que hubiera levantado tantas teorías sobre conspiraciones. En cada partido alguien ve una mano negra, excusa perfecta para que merengues y culés puedan llorar a gusto.
  • Amigos para siempre: todo culé tiene un amigo merengue y viceversa. Se ha convertido ya en un clásico la llamada después del partido (normalmente en estados etílicos preocupantes) al colega del eterno rival para tocar los huevos un rato. La amistad se rompe, pero en ese momento vale la pena.
  • Postpartido: horas de imágenes inéditas (aunque sea Busquets sacándose un moco), debates, entrevistas, tertulias que parecen duelos a muerte… Vamos, que los medios de comunicación se encargan de sacarle jugo al partido hasta que llegue el siguiente Clásico. Curioso, como los partidos políticos hacen entre elecciones y elecciones.
  • Twitter: desde hace unos años, el partido se juega tanto en el césped como en las redes sociales. Hordas de fanáticos se insultan y defienden argumentos irrisorios para apoyar a sus respectivos equipos. Y si encima tenemos al Arbeloa de turno que echa más leña al fuego tuitero, el resultado es un galimatías pseudofutbolístico de primer nivel. Bienvenidos al siglo XXI.

Ahora que he sentado las bases, espero poder desarrollar esta teoría y confirmarla en los próximos clásicos. Próxima parada del estudio: final de Copa. ¡Ah, y muchos ánimos al crack de Gurpegui! ¡Feliz semana a todos, amigos y amigas!

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