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Hace meses dijo "mucho morro" y ayer no pisó a Pepe. El bueno de Busquets sigue contando con una protección mediática que asusta. Y mientras tanto, Messi se exhibió con lo mínimo

España es un país que miente y exagera, casi a partes iguales, y más en el fútbol. Nos hemos acostumbrado a contar nuestra verdad en lugar de la verdad y a multiplicar cualquier acción, ya sea para bien o para mal, por mil. El último ejemplo lo tenemos en el Real Madrid-Barcelona.

Dejando a un lado el análisis de un partido en el que los dos equipos ofrecieron al mundo entero sus carencias y Undiano Mallenco demostró que los árbitros pueden ser protagonistas si se lo proponen, nos centraremos en dos nombres propios: Sergio Busquets y Lionel Messi.

Busquets es ese jugador al que querría haberse parecido Vicente Del Bosque y que un día dijo "mucho morro" a Marcelo (los mal pensados creen que dijo "puto mono"). El ejemplar centrocampista del Barcelona ofreció en el Bernabéu una nueva lección de deportividad y respeto.

Todo ocurrió demasiado rápido. Amago de tangana y Pepe al suelo tras una obra de teatro conjunta entre él y Cesc Fábregas. Busquets, que pasaba por ahí posiblemente para dar un abrazo colectivo y decir "aquí no pasa nada, somos todos amigos", puso su bota en la cabeza de Pepe. Por suerte, el jugador del Barcelona, que jamás ha dado una patada a nadie ni se hace el muerto cada vez que le tocan, decidió no abrirle una brecha al defensa luso.

Muchos pensarán que fue una agresión y que merece de cuatro a doce partidos de sanción según el reglamento, pero yo prefiero quedarme con el aspecto humano de un futbolista que pudo hacer mucho daño y se limitó a pisar una cabeza sin ir más allá. Y creo que será la misma lectura que Del Bosque, ya que sino le tocaría dejar a Busquets fuera de la convocatoria al igual que hizo con Arbeloa por sus disputas con Diego Costa en un derbi.


El otro protagonista es Leo Messi. Marcó tres goles y volvió a ser el mejor futbolista del universo. Decir incluso que es el mejor de la historia se considera un insulto. La historia la escribió él. En el Bernabéu anotó dos tantos de penalti y uno tras un balón suelto en el área. Además, dio dos pases buenos entre líneas aprovechando que el Real Madrid dejaba una pradera de por medio en la que sólo faltaban vacas y ovejas. Exhibición antológica del argentino.

Sólo un jugador irrepetible como Messi es capaz de marcar dos goles de penalti y uno con la colaboración rival. Que ya no se vaya de casi nadie regateando o no aparezca en estadios como Zorrilla o Anoeta son daños menores, propios de un futbolista llamado a exhibirse en partidos de talla mundial. De hecho, así lo hace desde enero de 2013. Elige tan minuciosamente sus estelares apariciones que no le importa borrarse en semifinales de Champions o ausentarse en muchos encuentros de Liga en los que su equipo ha perdido más de diez puntos.

Pese a todo, aún hay gente que se atreve a decir que Messi no brilló y que Busquets hizo juego sucio. Mucho morro.

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