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Pasan seis meses de su traspaso al Arsenal. En la capital española no hay quien le eche de menos, mientras que en la capital londinense le culpan de los males gunners. Con razón

26 de agosto de 2013. El Real Madrid juega en Granada en la segunda jornada de la Liga. Mesut Ozil es sustituido a la hora de partido y, sin esperar a sus compañeros, se marcha directo al autobús nada más ducharse. En ese momento nadie barruntaba lo que sucedería unos días después, pero tanto el club como el propio jugador germano ya estaban mascando su traspaso desde Concha Espina. El Arsenal oficializaría su fichaje menos de una semana después, el 2 de septiembre, a cambio de nada menos que 50 millones de euros.

Entonces, desde varios sectores del Real Madrid se tiraban de los pelos. Entre ellos, sus propios compañeros, entre los que tenía bastante arraigo. Pero sobre todo, aficionados, que lamentaban la marcha de uno de los jugadores más talentosos del momento, incapaces de aceptar el riesgo de la decisión de Florentino Pérez de fichar a Gareth Bale por semejante cantidad de dinero, e incapaces a su vez de aceptar la difícilmente explicable decisión de Carlo Ancelotti de quedarse con Ángel Di María y no con Mesut Ozil. Las comparaciones difícilmente resistían por sí solas.

O al menos, eso les parecía a algunos. Porque ahora que de aquello ha pasado ya algo más de medio año, en este tiempo que ha transcurrido seguro que la mayoría de los que en septiembre pensaban que la venta de Ozil era un gran error han cambiado de opinión. Casi todos, más bien. O al menos, deberían haber cambiado de opinión, abrazando así unos hechos y datos que corroboran esta tesis.

Primero, porque Mesut Ozil no ha terminado de superar su ciclotímica constancia. A su llegada al Arsenal dijo sentirse muy feliz y muy querido con el traspaso, dijo sentirse como en casa. Sin embargo, esas sensaciones han caído en saco roto unos meses después. Ozil sigue siendo el mismo jugador intermitente capaz de alternar actuaciones brillantes con otras desastrosas, el mismo jugador intermitente que difícilmente puede echarse a un gran club a las espaldas y guiarlo a la gloria. Su piel sigue siendo igual de fina para con todos esos otros aspectos del fútbol que le rodean, y que no son poco perturbadores en su caso además. Ni su flamante aumento de sueldo, ni la comisión por el fichaje que se dice que se embolsó, han podido curar esa tara del futbolista germano.

Ozil decía que quería sentirse querido. Que quería ser el mejor del mundo. Pero seis meses después de su marcha forzada del Real Madrid, está todavía más alejado de su objetivo que entonces si cabe. Su Arsenal tampoco le ha acompañado demasiado. Es difícil ser el mejor del mundo si no peleas por los títulos, y los gunners ya han dicho adiós a la Champions League y están a siete puntos del liderato en la Premier League (con un partido menos), en clara progresión descendente después de un buen inicio de campaña. Pero como sucedió con el propio Ozil, tras los fuegos artificiales sólo quedó el olor a chamusquina. En semifinales de la FA Cup, parece que el torneo copero es hoy la mejor oportunidad del equipo londinense para alzar un título después de ocho temporadas de sequía. Si es que lo conquistan, claro. Poco para una temporada que, de momento, está dejando muchos sinsabores. Individual, en el caso del ‘11’, y colectivamente. Así lo reflejan los medios ingleses, que no le perdonan ni sus desapariciones dentro del campo, ni sus inoportunas apariciones fuera de él.

Mientras tanto, en el Real Madrid nadie se acuerda de Mesut Ozil. Buen síntoma, tratándose de la mayor venta de toda su historia, sin duda. Carlo Ancelotti ha dado con la clave, juntando a Luka Modric, Ángel Di María, Gareth Bale y Cristiano Ronaldo en la medular, con el apoyo de los Jesé Rodríguez e Isco Alarcón. Quién sabe si, de estar aún en Concha Espina, Ozil se hubiera ganado su puesto en este esquema. Pero desde luego que, fuera de él, no hay quien le eche en falta hoy en día.

Sólo el tiempo puede dar o quitar razones, y de momento, pasados seis meses de aquel traspaso, parece obvio pensar que el Real Madrid acertó vendiendo a Mesut Ozil. Máxime, por esos 50 millones de euros que se embolsaron. Algunos veían en el germano al nuevo Zinedine Zidane, pero fueron los que vieron en él al nuevo Robinho los que realmente se llevaron el gato al agua. Así pasará Ozil a la historia del club blanco, a este paso.



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