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El Real Madrid evoluciona en este año 2014 a partir de la construcción de un mediocampo sólido con Xabi Alonso, Luka Modric y Ángel Di María… y con el germano lesionado

El Real Madrid va dando pasos de gigante hacia un título esta temporada. A falta de tres meses para el final de la competición, justo cuando llega el tramo decisivo del curso, está ya en la final de Copa del Rey, líder de la Liga, y con los dos pies en los cuartos de final de la Champions League. De forma autoritaria además, con paso firme, infundiendo respeto en sus rivales, cual todoterreno circulando entre bicicletas, cuyo simple rebufo podría empujar a la cuneta a algunos de los que tratan de seguirle el paso. Y el 1-6 en casa del Schalke 04 este pasado miércoles fue toda una demostración de ese poderío que viene exhibiendo en España, pero con toda Europa presente.

La clave de esta progresión seguramente esté en el equilibrio tan cacareado por Carlo Ancelotti. ¿Y en qué consiste ese equilibrio que el de Reggiolo lleva demandando a los suyos desde el primer día? Pues ahora que el Real Madrid por fin lo tiene, y hablando de sensaciones futbolísticas, diríamos quizás que consiste en ser más sólidos, más compactos, en ganar en seguridad defensiva sin perder la dinamita en ataque. Si hablamos en datos, serían los apenas cuatro goles encajados en todo este 2014 (15 partidos), siendo además el equipo de la Liga al que menos le han rematado en esta segunda vuelta. Y si hablamos de tácticas, la clave estaría en el cambio de dibujo al 4-3-3 y, sobre todo, el concurso de Luka Modric-Xabi Alonso-Ángel Di María en la medular.

Con esos tres mediocampistas en la parcela ancha del campo, el Real Madrid no sólo tiene a jugadores de mucho recorrido, capaces de robar balones y de incomodar la circulación del rival. Sino que, sobre todo, tiene a tres talentosos jugadores que son capaces de crear e iniciar las jugadas propias de ataques, de mejorar con su aportación cualquier posesión a favor, de romper las líneas rivales, ya sea moviéndose entre líneas, cayendo a las bandas o con el balón en los pies. Tres jugadores que se compenetran a la perfección, y que exhiben un dominio táctico de las situaciones por el que pocas veces dejan vendido a su equipo, ya sea en defensa o en ataque. Siempre hay uno de ellos para apoyar a los compañeros y hacerles crecer. Y no importa siquiera si es en jugadas en estático o en contraataques.

Es la cuadratura del círculo merengue. La fórmula para hacer crecer a este equipo funciona. Y el gran artífice no es otro que Carlo Ancelotti, quien apostó por la dupla Xabi-Modric en la medular en su momento, y quien ha reubicado a Di María en esa nueva posición, dándole toda la confianza posible en un momento en que las críticas arreciaban con la fuerza de un huracán que amenazaba con llevarse por delante al Fideo a cualquier otro equipo del globo. Claro que dadas estas circunstancias y analizado el camino que recorrió el técnico madridista hasta dar con la tecla después de seis meses de competición, cabe preguntarse: ¿Hubiera llegado a la misma disposición táctica si Sami Khedira no se hubiera lesionado de gravedad a mediados de noviembre?

Nadie lo sabe, seguramente ni el propio Ancelotti. Aunque teniendo en cuenta que en alguna ocasión previamente ya había alabado al germano públicamente por el equilibrio que aportaba al equipo, es de imaginar que no hubiera optado por sacarle del once para dar entrada a alguno de los que ahora componen su tridente de gala. Lástima por el propio Sami Khedira, sin duda, un jugador que se ha ganado la confianza de Joachim Low, Jose Mourinho o el propio Ancelotti, para los que es indiscutible. Pero al fin y a la postre, bendita necesidad de reiventarse para el Real Madrid, que ha terminado dando con su fórmula ideal sin Sami Khedira en ‘nómina’.

La vida está llena de casualidades. Nunca sabes lo que te va a deparar el próximo minuto. Y en consecuencia, con el fútbol sucede igual. Y hay decenas de casos en los que una circunstancia concreta, la urgencia del momento, o una decisión puntual ha terminado por marcar para bien o mal la carrera de un jugador, o de todo un equipo para siempre. Miren a Dinamarca, que ganó la Eurocopa de 1992 sin haber llegado a clasificarse y participó sólo por la explosión de la Guerra de los Balcanes en la antigua Yugoslavia, que sí había sacado su billete para Suecia. El mismo Ancelotti siempre cuenta que después de perder a Gianfranco Zola en la Roma por no aceptar cambiar su sistema, al final acabó claudicando en sus principios para poder hacer hueco a Zinedine Zidane en sus esquemas ya en la Juventus, que en esa época ganó la Eurocopa y el Mundial para Francia. Si no se hubiera lesionado Toni Kroos en el Bayern de Múnich el año pasado, quizás Arjen Robben no hubiera tenido tanto protagonismo, siendo a la postre el goleador que daría la Champions League a su equipo en el último minuto de la final.

Por no hablar de jugadores que cambiaron de posición para terminar siendo referentes mundiales en su nuevo puesto: Fernando Hierro, Gareth Bale, Andrea Pirlo, Guti, Sergio Ramos, y quién sabe si con el tiempo no sucederá igual con Luka Modric o Ángel Di María. Lo que sí parece demostrado al menos, una vez más, es que para tener más equilibrio en un equipo no es estrictamente necesario tener a un tronco-roba-balones en la medular. No es necesario tener a un jugador que sólo sepa ‘dar equilibrio’. Basta con aleccionar a tus jugadores. Como ha hecho el propio Ancelotti con los suyos, hasta convertirles en casi referentes en el Viejo Continente. Lógico, por otra parte. Siempre será más sencillo, y a la vez más fructífero, enseñar al talentoso a defender y colocarse, que enseñar a regatear al poco dotado técnicamente.



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