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Carlo Ancelotti reconoce al luso como uno de los más influyentes en el vestuario del Real Madrid. El ‘7’ se exhibe en el entrenamiento con su descaro dentro y fuera del campo

Eran aproximadamente las 11:00 de la mañana de este pasado miércoles, minuto arriba minuto abajo. Los periodistas se agolpaban en el balcón del edificio de Valdebebas donde se aloja el primer equipo del Real Madrid, a la espera de que comenzara el entrenamiento de los chicos de Carlo Ancelotti. No era lo habitual, ni mucho menos, pero el propio técnico había promovido que algunos de los periodistas que cubrían habitualmente la información del Real Madrid pudieran acercarse al entrenamiento, normalizando así unas relaciones que llevaban años congeladas. Así que mientras que los jugadores saltaban al campo de entrenamiento desde el vestuario, todos ellos percibían unos ojos que se clavaban inusualmente en sus nucas escrutando cada movimiento. Una sensación extraña, tanto para los observadores como para los observados.

No así para Cristiano Ronaldo, que salía del vestuario entre risas junto a Fabio Coentrao. La reacción del ‘7’ fue instintiva. Donde todos miraban de reojo, él se giró y con una sonrisa de oreja a oreja, vaciló a los allí presentes: “¿Qué? ¡Hoy ya tenéis vuestro entrenamiento, eh! ¿Estaréis contentos, no?”. Los periodistas sonrieron todos al unísono con el simpático guiño del actual Balón de Oro. Acostumbrados a ser mirones de piedra durante mucho tiempo, pocas veces alguien les había dispensado un trato distinguido y cercano como el de Ancelotti primero, y Ronaldo después.

El italiano tras el entrenamiento se prestaría también a mantener una charla informal con los periodistas allí convocados, entre los que estaba Goal como única web de deportes presente. Pero antes de esa mesa redonda, Cristiano todavía tendría otro gesto de cara a la galería de medios. El entrenamiento finalizó con un torneo entre equipos de cuatro jugadores, y el equipo de Ronaldo, Coentrao, Pepe e Isco Alarcón fue el campeón. Momento en que el ‘7’ blanco no se cortó en absoluto en celebrarlo, para regocijo de sus compañeros de equipo y enojo de sus rivales. Brazos apuntando al cielo, Cristiano apretaba todos los músculos de su cuerpo, y entonaba su ya clásico grito de guerra: “sheeeeeeee”. Y al pasar de nuevo bajo el balcón donde observaban los periodistas, no pudo evitar pavonearse de nuevo por su victoria. “¿Habréis visto quiénes han ganado, no? ¡Cómo os gusta ‘la tiki-taka portuguesa’, eh!”, decía entre risas.

Álvaro Morata les reprendía por detrás, recordándoles que habían perdido ante su equipo. Pero más allá del resultado del torneo, la sensación que desprendió en ese entrenamiento Cristiano Ronaldo es la de una persona segura de sí misma, y segura de su trabajo. Un futbolista “confiante” (como diría él mismo), y feliz en el Real Madrid. “Aquí en tu casa eres el puto amo”, que le diría Pep Guardiola si le hubiera visto, como ya hiciera con José Mourinho. Y luego Carlo Ancelotti confirmaría esas sensaciones ante los periodistas: “Los que tiran del carro y los que animan al grupo en este equipo son los más veteranos: Iker Casillas, Sergio Ramos, Álvaro Arbeloa, Xabi Alonso y Cristiano Ronaldo”. El ‘7’, el capitán sin brazalete en el Real Madrid.



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