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El mediapunta alemán suma nueve encuentros sin aportar gol ni asistencia. La prensa inglesa ha llegado a catalogarlo como fracaso.

Tal y como nos mostraba de pequeños la película de Aladdin, los genios aparecen para concederte tus deseos y luego se esfuman con la misma velocidad con la que emergieron. Cada vez que quieres deleitarte con sus poderes fuera de lo común, frotas la lámpara y ahí lo tienes, sobrenatural y vigoroso. El Arsenal tiene un genio, pero su lámpara parece haberse estropeado, o simplemente el talento no quiere salir, es Mesut Özil.

Los que los hemos seguido al alemán en el Real Madrid sabemos de qué va la película, y no nos resulta un misterio la vulgaridad por la que pasea ese genio en los días que corren. La irregularidad y su actitud gélida cuando las situaciones eran complicadas fueron las principales razones de los blancos para aceptar la venta de uno de sus mayores cracks, y de momento parecen no haberse equivocado.

Con su aterrizaje en Londres el pasado mes de septiembre, los halagos y las miras apuntaron hacia el Emirates, donde ese superdotado del balón dejaba muestras de su magia en cada partido sin apenas haber salido del aeropuerto. Se intentaron hacer rodar las cabezas de los que le dejaron marchar en tan insólita decisión, pero el tiempo acaba poniendo a cada uno en su lugar.

Una de las luces que alumbraba al Arsenal se fue apagando poco a poco, en partidos clave como el del Dortmund, hasta tal punto en que Özil lleva nueve partidos sin sumar nada de carácter contable, ni gol, ni asistencia. La prensa inglesa ha comenzado a cansarse de él y su extravagancia, de su sangre espesa como la horchata y de su irregularidad como bandera. La portada de The Sun titulaba ayer lo siguiente: “Es un fracaso”.

Método de presión para el partido ante el United, sí, forma de motivación y reacción para dicho encuentro, ninguna. Una noche más, el mago alemán volvió a deambular por el verde, sin sacrificio, sin ser el capitán de un barco que le necesita, cuando su talento y la magnitud de su traspaso dictan que debe ser el líder de una manada que este año sí, aspirara a volver a ser grande.

La pérdida de Ramsey y el bajo estado de forma de algunos futbolistas Gunners, así como la el corazón helado del genio que vino a hacerlos gigantes con su salto de calidad, está llevando al Arsenal a la misma mediocridad en la que vive sumido el mediapunta alemán. O vuelve a funcionar la lámpara, o este Arsenal acaba tirando lo que tantos meses le ha costado forjar. Aparece, Özil. 

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