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El argentino, de creciente importancia en los esquemas de Ancelotti, navega entre las demandas de su técnico en la posición de volante y su vocación natural

Hay facetas del fútbol que se emparentan más nítidamente con el efecto de la repetición que con la suerte consustancial al talento natural o al instinto. Aprendizajes que están relacionados con un proceso de formación profesional y prácticas, de interiorizar los mecanismos insondables de un oficio. Xabi Alonso es probablemente el jugador que mejor entiende el fútbol de toda la primera división. Nadie conoce la profesión de centrocampista mejor que él y pocos la desempeñan con toda la precisión que dictan los manuales. Para Alonso, cada detalle anómalo, por nimio que sea, es un mecanismo de aviso sobre el mal funcionamiento global.

Frente al Granada, sobre todo en la primera mitad, el vasco asumió la formación constante de Di María, todavía disoluto en una posición tan importante y cartesiana como la de volante, por delante del mediocentro y a la par de Luka Modric. El argentino es la penúltima solución al problema devengado de la baja de larga duración de Sami Khedira. Pese a tratarse de un acomodamiento antinatural, Ancelotti ha  preferido reconvertir a Di María, residualmente utilizado por Sabella en esa posición en Argentina, antes que promocionar a Illarramendi o Casemiro. “Trabaja mucho y además tiene calidad con el balón”, explicó el italiano el sábado.

La lesión del internacional alemán a principios de noviembre alteró el plan inicial de Carlo Ancelotti, resuelto tras el banco de pruebas llevado a cabo en las primeras semanas a formar con tres centrocampistas.

Los partidos que prosiguieron a la baja del alemán proyectaron la ascensión de Isco, beneficiado por el cambio de sistema, del 4-3-3, para el que Khedira era indispensable, a un 4-2-3-1 con el español como enganche. Durante ese tramo de la temporada, el Madrid no consiguió dar vuelo a su juego. La alineación  de Isco representa un problema para el “equilibrio” de Ancelotti. “La misión defensiva de los delanteros es sencilla”, abundó tras el partido ante el Granada. “Sólo tienen que taponar el inicio de la jugada del rival y obligar al portero a sacar en largo”.

Precisamente esta exigua tarea defensiva asignada a los atacantes (en un ideal Cristiano Ronaldo, Benzema y Bale), obliga al italiano a alistar a un volante con recorrido, algo imprescindible para ensamblar a un equipo que, en el modelo previo, tendía a partirse. Sacrificar “equilibrio” para introducir el talento natural de Isco es un peaje excesivo para Ancelotti.

Para asumir estas demandas, Di María se encuentra en una lucha interna que se libra entre sus impulsos y el trabajo que se le ha asignado. Entre el Di María del potrero y el eficiente volante italiano que quiere moldear Ancelotti. En muchas ocasiones, la versión primitiva del argentino gana la partida. Varias veces contra el Granada, abandonó el carril interior para incrustarse como extremo izquierda. Más de una vez, esto fomentó un tráfico excesivo en esa banda, donde en pocos metros se juntaron circunstancialmente Marcelo, Cristiano Ronaldo y Di María. A cada dislate de Di María, la omnipresencia de Alonso, siempre encargado de corregir los devaneos de su compañero. Que Di María abandone su posición representa un problema especialmente grave a la hora de reagruparse en la fase de recuperación de balón y presión alta, lo cual puede ser letal ante conjuntos de poderío similar al Madrid en la Champions League.

Si Ancelotti consigue hacer de Di María un interior apañado, buena parte del mérito corresponderá a Alonso, siempre pendiente de su pupilo. En cada falta, casi en cada parón del juego, se pudo apreciar al vasco coacheando a Di María, revisando sus vicios de extremo, enseñándole el oficio de centrocampista clásico. Al igual que a la hora de iniciar la presión y agrupar al equipo en fase defensiva. En cada saque de puerta que tuvo lugar en la primera parte, Alonso ordenó al argentino su función, que era tapar a Iturra. En su lucha consigo mismo, Di María tiene en Xabi su mejor aliado.

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