thumbnail Hola,

El conjunto franjirrojo sigue hundido en la clasificación y espera un milagro que le permita mantenerse en Primera División un año más

No había que ser licenciado un Oxford para saber que el Rayo Vallecano iba a sufrir hasta el final esta temporada. Solo unos meses después del espejismo de la posibilidad de la Europa League, el conjunto madrileño se enfrentaba a una temporada a cara de perro con salidas dolorosas como la de Leo Baptistao.

La esperpéntica derrota ante el Atlético de Madrid no ha sido más que un nuevo capítulo en la tragedia griega que se está escribiendo en la calle del Payaso Fofó jornada tras jornada. Un nuevo fracaso que, pese a ser perfectamente asumible sobre el papel frente a uno de los equipos más en forma de Europa con un presupuesto astronómico, tiene una trascendencia enorme ante las sendas victorias de los rivales directos en la clasificación.
 
Jémez lo intenta con sudor y lágrimas. Decir lo contrario sería no hacer justicia a  un entrenador que ha conseguido, de la mano de su particular filosofía, construir un equipo capaz de enamorar con su fútbol hace solo unos meses, logrando que la afición se sintiera identificada con el espíritu del equipo casi tanto como cuando se logró el ascenso a Primera de la mano de Sandoval. Él ha apostado por un estilo innegociable, a medio camino entre lo kamikaze y lo valiente, al que no está dispuesto a renunciar. Es su marca. Su emblema. Lo que le hace diferente.

Los más mierdas de la categoría somos nosotros. Cuando no perdamos esa perspectiva, igual podemos competir contra los otros

- Paco Jémez, entrenador del Rayo Vallecano

El problema es que no se puede ir a la guerra ante un enemigo que prácticamente siempre es más poderoso que tú con piedras y flechas. El nivel individual y colectivo del Rayo ha disminuido de forma drástica, y aunque hay jugadores que pueden, deben y a los que se debe exigir dar mucho más, lo cierto es que este equipo tiene serios problemas en facetas claves del juego.
 
Casi todos los palos se los ha llevado la defensa, algo que parece normal para un equipo que ha recibido la friolera de 51 tantos en 21 jornadas (prácticamente 2.5 goles encajados por partido, lo que lo convierte en el conjunto más castigado en este aspecto en los últimos veinte años de competición).
 
Pero reducir la problemática a los cuatro de atrás (muchas veces tres por el arrojo o espíritu temerario del míster) implica un ejercicio de simplificación injusto para los responsables de la zaga. El Rayo tiene problemas graves a la hora de sacar la pelota jugada (condición indispensable si apuestas por la posesión sin guardarte bien las espaldas), se ejerce una presión mucho más tímida cuando el balón pertenece al contrario y, para colmo, existe una menor capacidad para generar ocasiones y llegar a puerta.
 
Este planteamiento de ensayo y error repetido hasta la saciedad durante más de la mitad de la temporada ha ido minando la confianza de la plantilla y la imagen de un Jémez que antaño estuvo rodeada de un halo casi mítico y que ahora es cuestionado dentro de su propia casa, pese a que los que mandan en el club son conscientes (o al menos deberían serlo) de que este año las gestiones en los despachos, siempre complicadas, no han estado a la altura.

  EL ANÁLISIS DEL CORRESPONSAL
  "En estos tiempos turbios y difíciles que vive el Rayo Vallecano, de ser o no ser, no debe decaer la esperanza. Es cierto que se echa de menos a los Pitis, Casados, Michus, Tamudos, y otros nombres que tripularon y navegaron con el mar en contra este barco pirata. Hoy los protagonistas son otros. Y de ellos pende la responsabilidad de la permanencia, porque si hay algo claro es que en Vallecas hay vida después de la muerte. Demos el penúltimo voto de confianza a Los Hombres de Paco".

Nacho González
El equipo está huérfano si sumamos lesiones y jugadores que no tiene la confianza del técnico, mientras la secretaría técnica sigue sin concretar un refuerzo que venga a suplir las verdaderas carencias del colectivo. De hecho, no es descabellado afirmar que el equipo franjirrojo está aún más descompensado ahora que cuando se abrió el mercado. El Rayo es un enfermo que pide socorro en mitad de un hospital mientras los médicos están tomando café.
 
En el capítulo de jóvenes, cara y cruz. Saúl, un centrocampista reconvertido a central que demasiado está haciendo con 19 años intentado sacar las castañas del fuego, ha sido lo más potable de un año en el que Lass, con 21 partidos disputados en su haber y estando en el top 5 de futbolistas más usados por Jémez, todavía no ha conseguido ni un gol ni una asistencia para su equipo.
 
Y mientras, el ambiente se enrarece, el tiempo se acaba, las oportunidades vuelan. Aunque Vallecas esté abonada a la “Vida Pirata”, ahora toca remar como condenados en las galeras en una misma dirección. Aunque parezca una hazaña, realmente ganar solo ocho partidos te puede dar la salvación en las 17 jornadas que restan para que finalice la competición.
 
Málaga, Almería, Osasuna, Celta, Betis y Getafe  en Vallecas tienen que ser fechas marcadas en rojo en el calendario tanto por la afición como por la plantilla. Si se logran 18 puntos en esos compromisos (una tarea complicada pero no descabellada), conseguir dos triunfos más en Valladolid y Granada podrían ser suficientes para quedarse por los pelos en Primera División. Y a partir de ahí, toca encomendarse al espíritu del Tamudazo.

Artículos relacionados