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Gerard Piqué ha sido el último miembro del club culé en criticar a los medios de la capital. El refugio en el victimismo, cada vez más recurrente en Can Barça

OPINIÓN

El FC Barcelona ha pasado de ser el mejor equipo de la historia (Real Madrid de las cinco Copas de Europa seguidas mediante) al que más emplea el arte de la excusa. Sigue venciendo, pero no convenciendo como hace dos años, ni en cantidad ni en calidad. Y es que no sólo es que gane menos, sino que falla más en las formas: además de seguir presente alguno de los pocos ramalazos existentes en la era de Guardiola, como el extraño caso del “no hablamos de los árbitros, pero… [insertar crítica indisimulada al colegiado]”, sino que han resurgido con fuerza otros que parecía haber enterrado el técnico de Sampedor. Guardiola se fue y el histórico victimismo ha vuelto a ser el primer plato del menú diario de Can Barça, donde cuesta digerir lo que no es alabanza y que se diga que algo se ha hecho mal aunque realmente así sea.

El Barça, decía, ha vuelto al victimismo basado en la cerrazón territorial. Apuntan a campañas desde Madrid. El último ha sido Piqué, que ha sacado el palo, la goma y las chinitas para lanzarlas en esa dirección. Hace tiempo ya que el FC Barcelona viene emulando al niño malo que llega del cole diciéndole entre sollozos a papá y a mamá que el profe, la Prensa de Madrid en este caso, le tienen manía. Uno se pone a pensar con una taza de café humeante delante, mesando sus cabellos con una mano y jugueteando con su perilla con la otra, que es como lo hacen los pensadores profesionales, y contempla con no poco asombro que tienen razón, Piqué y compañía, en lo que dicen: es la Prensa de Madrid y no el juez Ruz el que el pasado 18 de diciembre pidió al club azulgrana los contratos de Neymar y la Memoria Económica correspondientes a los años 2011, 2012 y 2013, previa denuncia de un socio culé. Un socio de la caverna y la central lechera blaugrana, obvio. Por eso el Barça, que iba cuesta abajo, sin frenos y sin casco a estrellarse contra un muro de realidad, viendo venir el golpazo, se puso la venda (léase cláusula de confidencialidad en el acuerdo por Neymar) antes de la herida.

En cuanto a Messi y su renovación, también es la Prensa de Madrid y no un directivo del Barcelona (el vicepresidente económico, Javier Faus, ni más ni menos) la que afirmó que no es necesario “presentar una mejora de contrato cada seis meses”. ¿Y quién dijo aquello de “el señor Faus no tiene ni idea de fútbol” con un tono que evidenció tiranteces internas? La Prensa de Madrid, claro. Con todo ello, es de suponer que también es la Prensa de Madrid, en lugar de Hacienda, quien investiga a ‘La Pulga’ por fraude. Lo curioso, oigan (o lean), es que el argentino, buen samaritano donde los haya, ha desembolsado 10 millones de euros por iniciativa propia a dicho departamento de la Administración Pública. Calderilla…

También debe de ser la Prensa de Madrid y no el PP quien pidió analizar la viabilidad del nuevo Camp Nou antes de someter la decisión a votación. Y, por supuesto, también es la Prensa de Madrid, y nunca la empresa CMC, la que reclama 200.000 € por el último pago de la construcción de La Masía, pago vencido en julio de 2011, y que lleva consigo una demanda que fue admitida a trámite por el juzgado de instancia número 2 de Barcelona.

Llegados a este punto, de acuerdo: acepten pulpo como animal compañía. Acepten que el profe le tiene manía al niño. Sean obsesivos y piensen que su novia tontea con ese hombre que en realidad es su hermano. Acepten que todo el mundo les tiene envidia. Acepten que es normal que Neymar ha costado menos de 60 millones y que ha perdonado por amor al Barcelona (¡y a Cataluña!) una mayor prima de traspaso del Real Madrid y que el Santos, por amor a Dios sabe qué o quién, ha hecho lo propio y ha pasado de los más de 100 kilos que daban los blancos. Den también carta de naturaleza a que Messi pueda renovar por séptima vez desde 2005. Crean a Xavi, un jugador que alababa a Roura para luego, con Martino en el banquillo, reconocer que no entrenaron bien con él. Crean también a Zubizarreta, que dio por sentada la renovación de Valdés en Canal+. Y afirmen también, ya puestos, que el culé es “Més que un club” y que se portó bien con un Abidal clave ahora en el Mónaco y con Francia.

Digan (digamos), en definitiva, que la vida del Barça es de color de rosas, perfecta como una película ñoña de Navidad o como un anuncio de compresas y que es un club mágico, de un país feliz, que vive en la Casa de la Gominola, de la Calle de la piruleta. Porque Madrid y su Prensa tiene la culpa de todo lo malo del FC Barcelona y, además, mató a Kennedy… y seguro que también al Señor Burns. Díganlo (digámoslo). Todo sea por tener el 2014 tranquilo…

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