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El equipo blanco completó un final de temporada 2012-13 de pesadilla. Pero parece que ha aprendido de sus propios errores y, de la mano de Carlo Ancelotti, apunta muy alto de nuevo

El año 2013 se nos va, con el 2014 ya asomando tras la esquina. Un año este que se consume que ha supuesto una gran decepción en la Casa Blanca. Al menos, en lo que se refiere a la primera mitad del mismo. La temporada 2011-12 fue brutal a nivel de resultados, y se esperaba que la siguiente campaña fuera todavía mejor, después de haber arrebatado la corona a un Barcelona que daba síntomas de agotamiento, con Pep Guardiola abandonando el barco. Sin embargo en lugar de progresar en esa línea, el Real Madrid terminó por estancarse, firmando una primera mitad de 2013 realmente esperpéntica. Un fracaso en toda regla.

Enero comenzó con la polémica de la portería en el Real Madrid, con un Iker Casillas que partía como suplente después de ceder su sitio a Adán en Málaga, y el fichaje de Diego López toda vez que el de Móstoles cayó lesionado en Mestalla. Para entonces, el equipo blanco se había dejado llevar ya en la Liga, y en todo el 2013 no fue capaz de enderezar su raquítico rumbo. Sí que dio la cara en la Copa del Rey, donde se deshizo de Valencia y Barcelona para llegar a la final. Así como en la Champions, donde eliminaría a Manchester United y Galatasaray para plantarse en las semifinales. Sin embargo, finalmente, ni en una ni en otra competición podría coronar su creciente trayectoria. Es más, en ambas caería no sin cierto bochorno. En Champions, ante el Borussia Dortmund después de un 4-1 en el Westfallenstadion; y en Copa del Rey, ante el Atlético en la final (2-1), disputada en el Santiago Bernabéu después de años invicto en el derbi.

Un fracaso deportivo sin sumar ningún título que no fue sino el colofón a un fracaso institucional en todos los sentidos. La consecuencia esperada a una nefasta gestión de los recursos. No obstante, el mes de enero comenzaba con una comparecencia de Florentino Pérez para desmentir las malas relaciones entre el vestuario blanco y el entrenador José Mourinho, y sin embargo de ahí al final de la temporada, fueron muy pocos los que efectivamente quedaban todavía en el barco del técnico. Que multiplicó hasta el absurdo sus conflictos hasta entonces, bajo el paraguas del mismo Real Madrid. Los tuvo con periodistas, con el propio club, con los jugadores, con el resto de organismos oficiales, hasta con los propios aficionados. Al final se marcharía sin despedirse siquiera personalmente, y con multitud de sus jugadores descolgándose de sus actuaciones. Pepe fue el mejor reflejo de la guerrilla de trincheras que se vivía en ese vestuario, cuyo ambiente era irrespirable.

Esta situación alentó un proceso de profunda renovación en el Real Madrid durante el verano, espoleado también por las elecciones presidenciales. Jugadores de bastante calado como Mesut Ozil, Gonzalo Higuaín, Raúl Albiol o José Callejón abandonaron la disciplina merengue, y en su lugar llegaron otros como Isco Alarcón, Asier Illarramendi, Dani Carvajal, o Gareth Bale. Todos ellos comandados por un Carlo Ancelotti cuyo fichaje generaba cierta zozobra entre parte del madridismo, y que sin embargo ha traído consigo aires de esperanza por Concha Espina.

Y es que después de unas primeras semanas en las que el Real Madrid naufragaba en la indefinición futbolística más absoluta, el equipo blanco por fin encontró el empaque que necesitaba para desarrollar un “fútbol espectacular”. Un fútbol donde destaca la inédita riqueza táctica, que permite a los merengues carburar tanto al contraataque como en jugadas en estático, con una formación en ataque por fin consolidada que es un manjar para el fútbol: Xabi Alonso-Modric-Isco, y Ronaldo-Benzema-Bale. De la mano de esta formación han llegado partidos arrolladores, y récords históricos en los segundos seis meses del 2013. Y todo ello de la mano de una paz y tranquilidad institucional que hacía un trienio que no se veía, y que ha servido para recordar a muchos que para ganar no hace falta vivir permanentemente en la discordia. Los mejores síntomas para pensar que el año próximo puede ser todavía mejor en el Real Madrid que éste que ya nos deja. Un año complicado, pero del que parece que se han sacado enseñanzas positivas para enmendar las malas acciones y conservar las buenas.


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