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El Torneo Inicial exhibió pobres rendimientos colectivos pero sobre todo individuales. River, Boca, Vélez, entre los que más sufrieron el mercado de pases anterior

El Torneo Inicial fue un torneo atípico por donde se lo mire. Inesperado el desenlace, inesperado el final. El clima de desconcierto lo abarcó todo, rendimientos colectivos y rendimientos individuales. En general, los refuerzos top del campeonato no concretaron las expectativas que generaron.

Boca se ahogó en su impotencia de millonario. Daniel Angelici demostró que, desde las arcas, el Xeneize es el equipo que mejor parado está del fútbol argentino. Carlos Bianchi recurrió al mercado para intentar lavar la triste imagen que su equipo había exhibido en el primer semestre de 2013. Así, llegaron Daniel Díaz, Emmanuel Insúa (regresó tras su préstamo en Godoy Cruz), Jesús Méndez, Fernando Gago, Franco Cángele y Emmanuel Gigliotti.

Esta lógica de gestión, la confianza superlativa en el mercado, por ahora es autodestructiva. Boca no encuentra un equipo pero apuesta por la renovación año tras año para solucionar ese déficit. Contradictorio, al menos.

River no fue la excepción, al contrario. Al menos Boca tuvo en Gigliotti una esperanza que le propició goles. Teófilo Gutiérrez, ni Jonathan Fabbro, ni Carlos Carbonero, tres pedidos por el entrenador Ramón Díaz, fueron puro ruido.

Los caminos de Bianchi y Ramón fueron opuestos pero se encontraron. El primero decidió renovarse tras un semestre para el olvido. El segundo optó por lo mismo luego de haber hecho un campeonato aceptable.

En la foto del campeón no está ninguno de los refuerzos de San Lorenzo. Por diversos motivos, Juan Antonio Pizzi no pudo sacarles provecho a esas compras. El Ciclón fue uno de los equipos que más y mejor se reforzó. Crhistian Álvarez perdió el arco con Sebastián Torrico. Fabricio Fontanini apenas si pudo completar un partido, Emmanuel Más quedó relegado al banco de suplentes por el buen momento de Walter Kanemann. Juan Ignacio Cavallaro, volante ofensivo que llegó desde Unión, tuvo continuidad pero nunca como titular. Pizzi lo mantuvo como una variante para darle frescura y velocidad al equipo en los segundos tiempos.

La tarde del triunfo ante Rosario Central en Arroyito, Martín Cauteruccio, hasta entonces figura y goleador del equipo, se rompió los ligamentos cruzados y obligó a Pizzi a rearmar el esquema ofensivo. El entrenador prescindió de Fernando Elizari, otro que había llegado desde Quilmes, y optó por Gonzalo Verón primero y Héctor Villalba después.

Vélez se la jugó por el regreso de Mauro Zárate. El exdelantero de Lazio renovó las ilusiones del equipo de Liniers, justo cuando el ciclo Ricardo Gareca empezaba a desgastarse tras cinco años ininterrumpidos. Algunos golazos de los suyos y poco más. Zárate sufrió dos desgarros y un par de expulsiones. Esas intermitencias perjudicaron a Vélez: su ausencia se notó en el último partido, ante San Lorenzo. Al Fortín le faltó un plus en esa final que determinó al campeón.

Guillermo Barros Schelotto puede jactarse de haber acertado en las incorporaciones. El técnico de Lanús fue uno de los pocos que pudo sacarles jugo a los que llegaron. Leandro Somoza, Santiago Silva y Lautaro Acosta, el trío que Boca descartó, fueron vitales para la conquista de la Copa Sudamericana.




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