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Nuestra columnista Susana Guasch analiza el papel y futuro de ambos canteranos blancos

 Susana Guasch
 Goal.com
Síguela en
 
Periodista, presentadora de lasextadeportes y colaboradora de Onda Cero en Al Primer Toque

Raúl y Butragueño convencieron al Real Madrid en sus primeros partidos. El Madrid creyó en ellos porque supo que tenían algo diferente. Jesé y Morata son dos buenos delanteros que aún no han llamado la atención mediática.

El Bernabéu les apoya porque la cantera siempre es sagrada pero ninguno de ellos es tan interesante como para comprar una entrada. Da la sensación de que no salen a comerse el mundo en partidos marrones como el de Xátiva y Ancelotti se ha pispado: “Los jóvenes tendrán que seguir trabajando”. Aviso para navegantes. Del Madrid de esta temporada se elogia su fondo de armario, quizá más amplio que el del Barça, pero la eliminatoria copera deja pequeñas sospechas, más de cabeza que de piernas. La versión ‘B’ del Madrid debió comerse a los valencianos, sobre todo, después del insípido empate de la ida. Al fin y al cabo, el ímpetu y las ganas siempre arrancan aplausos en el Bernabéu.

No obstante, una de cal: Illarra es bueno, perdón, buenísimo. Está aprendiendo rápido y tardará poco en heredar los galones de su paisano Alonso. Y si no, al tiempo. El Madrid fue un somnífero y en una jornada donde se esperaban pocas taquicardias, apareció por sorpresa el Racing y la lió en Sevilla. El susto en la ciudad hispalense casi fue doble, porque a lo tonto a lo tonto el Lleida estuvo a un gol de enterrar al Betis. El incendio del Pizjuán deja tocado, que no hundido, a Unai Emery, y con un cabreo de narices a una afición que no sabe por dónde rueda su club sin el gurú Del Nido. La Copa apetece por machadas como la del Racing o el segundo ‘alcorconazo’ del Alcorcón valga la redundancia.

Eso sí, nos quejamos y con razón de la misma historia de siempre: sólo en España se lanzan penaltis casi a la una de la madrugada de un día laborable (Granada-Alcorcón) y sólo en España se ve menos gente en la grada que en un entrenamiento entre semana. Y esta noche turno para el Valencia. Peor no puede ir, bueno, sí: que el Nástic ponga patas arriba Mestalla. Eso ya sería el peor de los infiernos para el valencianismo. Todos los caos han coincidido en el mismo momento: el institucional, con una previsible entrada de nuevos inversores; el deportivo, con Djukic despedido y la incertidumbre del nuevo: suenan Pizzi, Bielsa y hasta Víctor Fernández. Y, el más grave de todos, el caos social: la afición se ha hartado de tantos bandazos de entrenadores, de plantillas sin futbolistas que vendan camisetas y de directivos incompetentes que se han cargado el club. El trasfondo del problema es que el club quiere repetir los éxitos de Rafa Benítez sin la paciencia de montar un buen equipo en varios años. Suena duro pero el Valencia ya no es el mismo que el de hace una década, y hasta que no lo acepten, las meteduras de pata no acabarán.

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