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El delantero argentino del Manchester City vive la mejor etapa de su carrera y el próximo verano volverá a sonar como posible refuerzo del conjunto blanco

Cuando el final de temporada aceche y el Mundial de Brasil reserve la gloria para unos pocos, Florentino Pérez se sentará en su sillón de pensar, el de tomar decisiones importantes, y volverá a sacudir su abanico, como cada verano. Del impulso de aire que el presidente del Real Madrid provoque con su giro de muñeca, como una sevillana apasionada en plena Feria de Abril, surgirá una nueva terna de candidatos a vestir de blanco la próxima temporada.

Sonarán en mayo los de siempre, los que ocupan portadas durante todo el año; en junio habrá un ratito para la cantera, para que el entrenador decida con quién contará en el primer equipo; ya en julio se incluirán los que destaquen en la Copa del Mundo y los libres de contrato. En agosto, el mes de las urgencias a la hora de acometer el mercado, Florentino será más 'Tito Floren' que nunca y, entre reuniones secretas en yates privados, sacará la chequera, señalará y fichará. Lo hará como ya lo hizo con Luis Figo o con los Ronaldos -Nazario y Cristiano, no el grupo de música-. Más recientemente, con Gareth Bale, convirtiendo al galés en el traspaso más caro de la historia.

Desde que puso un pie en Madrid, Sergio Agüero se convirtió en objeto de deseo del Real, que terminó por resignarse y aceptar que había llegado tarde a la negociación por un jugador que ya marcaba para el Atlético. Con esa carita de niño bueno, el 'Kun' recogió durante la 2006-2007 el testigo de un Fernando Torres ya preparado para emigrar a Inglaterra y encandiló a la afición colchonera. Imberbe, Agüero tenía ese gesto de travieso, de descarado. Lucía esa media melenita que volvía locas a las mozas que cada domingo se acercaban a la Ribera del Manzanares con la rojiblanca. Y en cierta medida, me volvió loco a mí.

Dejó en el suelo a Puyol con un quiebro de cintura, superó con un toque a Zambrotta y batió de disparo ajustado a Víctor Valdés. En ese preciso instante en el que Sergio Agüero trasladó a 'Chicho Terremoto' a su versión futbolera, me encapriché de ese tren inferior. Me ganó también con su descaro y actitud burlona para hacerle un gol clave al Recreativo de Huelva con la mano e irse de rositas. "El fútbol es para los listos", le justificó en su día Joaquín Caparrós. Hoy, el argentinito que le dio al Manchester City la Premier League en la temporada 2011-2012, es mi preferido para el Real Madrid.

Se hizo mayor en el Etihad Stadium y superó la presencia del incompetente Roberto Mancini. Supo regatear al preparador italiano y su casamiento con Giannina Maradona le convirtió en yerno de 'D10S'. Hoy es uno de los líderes de una de las plantillas más caras del mundo y el socio de Leo Messi en la selección argentina. Nunca antes Sergio Agüero cumplió como ahora las condiciones para vestir de blanco.

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