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Portugués y sueco liderarán a sus respectivas selecciones en la repesca que da acceso al Mundial de Brasil 2014

Nos pasamos la vida eligiendo, descartando y añadiendo. El proceso de selección natural en el que nos vemos inmersos de manera inconsciente como juego primario se extrapola a lo cotidiano, permitiendo nuestra adaptación y evolución. Sea donde sea y con quien sea. El cuerpo, como forma de expresión tangible, se acostumbra a luchar, a competir, a buscar la supervivencia. Y en esta recreación primitiva el potencial y la aptitud marcan la diferencia.

Dichas virtudes gozan de reconocimiento y admiración, alabanzas que se ven incrementadas exponencialmente cuando los niveles de perfección se ven superados. Existe un esfuerzo constante por la creación o confección de nuevos modelos, de roles que guarden poca similitud con lo ya conocido, que posean estas cualidades, entre otras, que ofrezcan algo diferente, que aporten algo extraordinario. Estamos necesitados de mitos. Y en el fútbol, casualmente, se cumple una de las máximas de la mitología, que los seguidores o aficionados hagan de los acontecimientos que suceden en el terreno de juego algo suyo y lo empleen como patrón de conducta.

El futbolista sobrenatural gana enteros y, por encima de todo, gana partidos y ocupa el primer peldaño en la valoración en cuanto a muestras de apoyo y seguimiento masivo. Cada equipo, cada país, en cada época surge un icono, pero, en ocasiones, el dado deja de girar, se equilibra, detiene el tiempo y plantea varias posibilidades. A veces es el azar, a veces es el destino, muchas veces el culpable es el deporte. Que Portugal y Suecia diriman sus últimas opciones de estar en el próximo Mundial de Brasil podía suceder, aunque el desafío es a mayor escala, puesto que Cristiano Ronaldo y Zlatan Ibrahimovic pugnan por sentarse en la silla, por hacerse con el pañuelo antes que su contrincante. Y el drama aquí no es una hipérbole. Únicamente puede quedar uno.

El sueco ha vuelto, mientras que el portugués nunca se ha marchado. Cristiano personifica la simbiosis entre cuerpo y espiritualidad que Descartes ansiaba, esa conjunción entre lo objetivable, los números, y lo que se escapa de los parámetros de la razón. Sus 62 goles, por el momento, en el ejercicio de este año 2012 y sus pole position tanto en Liga como en Champions con 16 y 8 tantos, respectivamente, en 17 encuentros se han convertido en la seña de identidad del Real Madrid y en el clavo al que agarrarse cuando la salida no se encuentra mediante el juego. Y él lo sabe. Los suyos no tienen asegurada la victoria con el de Madeira en el campo, pero casi. Partido en el que ve puerta, partido en el que su equipo no pierde. La explicación viene dada en dos dígitos: de los 49 goles del conjunto madridista, Cristiano es artífice de 24.

Con estas credenciales, Ibrahimovic ha intentado coger el rebufo, pero le ha faltado velocidad punta. No obstante, la superación de uno mismo es su doctrina a través de la cual ha mejorado sus registros anteriores, algo que ha dejado de ser noticia para convertirse en un hábito llevado a la práctica en las cuatro últimas temporadas. A estas alturas, sus 8 goles en la Ligue 1 y los 7 en Champions en un total de 16 partidos le aseguran un trono entre los máximos artilleros de Europa (con permiso de Diego Costa) y hacen que pueda aspirar a dejar atrás el récord de Carlos Bianchi, técnico de Boca Juniors y ex jugador del Paris Saint-Germain a finales de los 70, que marcó 37 goles en su primera temporada en el conjunto parisino.

Este viernes el Estadio da Luz puede ser premonitorio. Ambos jugadores no han sentido físicamente el aliento del otro desde hace 4 campañas cuando juntos, pero no revueltos, desembarcaban en nuestro país para vestir la máxima rivalidad existente. Cristiano se presenta con una media de 1,23 goles en cada día de autos, solo superado por el uruguayo del Liverpool Luís Suárez (1,33) y el griego de Olympiakos Konstantinos Mitroglou (1,44) y la frescura anotadora reflejada y otorgada por los 8 tantos conseguidos en las últimas tres jornadas, tripletes ante Sevilla y Real Sociedad incluidos. Ibrahimovic no quiso ser menos y en una semana clave también saboreó la dulzura del Hat-trick ante el Niza. Cómodo, consciente de la responsabilidad que entraña su apellido y asumiendo el liderazgo, el sueco tiene en mente que Brasil, donde contaría con 33 años, puede ser su billete de despedida a nivel internacional.

Siempre hay excepciones a la regla y, a pesar de esta memoria descriptiva, los choques precedentes oficiales entre ambas selecciones y que tuvieron lugar en la fase de clasificación para el pasado Mundial de Sudáfrica de 2010 finalizaron sin cambios en el marcador. Esta tendencia parece que no va a tener continuidad este próximo viernes, aunque sólo sea como resultado de la presencia y persistencia de ambos colosos en el área rival. El buque insignia de Portugal insiste en ganar metros en su carrera hacia el Balón de Oro y está dispuesto a derribar cada portería que se interponga en su camino, o al menos así lo demuestran los 128 disparos que lleva ejecutados, por los 62 del delantero del PSG.

No hay margen para lamentarse por lo que no se logró semanas atrás. No hay tiempo para pensar qué hubiera sido de nosotros en otro contexto. Es momento de actuar, momento para esos nombres decisivos. En nuestra mentalidad, la existencia y constante aparición de hechos extraordinarios es fundamental. El ser humano perpetúa su participación vital gracias a dichos hechos. Prueba de ello es que el hombre, y el fútbol, existen.

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