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La salida del germano ha levantado una gran controversia. Parte de la afición teme que se repitan los errores del pasado… aunque haya diferencias notables con lo sucedido en 2009

Han pasado ya unos cuantos días desde que se cerrara el mercado estival de fichajes, y entre el madridismo todavía resuena con mucha fuerza la marcha de Mesut Ozil al Arsenal. Es un talento como hay pocos en el fútbol mundial, y era una salida que no se esperaba. Lógico, por tanto. Sin embargo, parece que entre los asombrados hay cierta zozobra, malestar y hasta enojo, que no parece que vaya a menguar a corto plazo. No entienden la venta del germano, y sólo miran hacia Londres con melancolía, aparcando la ilusión que generaba contemplar la plantilla que queda en Madrid.

Los hay que rememoran los casos de Robben y Sneijder para augurar un mal porvenir al Real Madrid con esta operación por Ozil. Y es cierto que guarda muchísimas similitudes. Es año previo al Mundial, como en 2009. Es también año de elecciones presidenciales en el Real Madrid. Es un verano con una inversión enorme en fichajes –los dos que más de su historia-, comandado esta vez por Gareth Bale como otrora fue por Cristiano Ronaldo. Y hay dos jugadores de los más talentosos de la plantilla, de los considerados titulares, que abandonan el barco en los últimos momentos. Entonces fue la dupla holandesa, esta vez fue Ozil, aunque previamente se había hecho lo propio con Gonzalo Higuaín. No ha aprendido nada la directiva merengue. Entonces los árboles impidieron ver el bosque de los grandes refuerzos que se habían completado, y esta vez ha vuelto a suceder que la desazón última eclipsa las más que ilusionantes contrataciones anteriores.

Sin embargo, sí que hay una diferencia capital que delimita claramente los casos de 2009 y los de 2013. Y no es sólo el dinero recaudado con ambos traspasos, récord en la entidad. Que también. Sino especialmente que entonces las ventas de Robben y Sneijder obedecieron, sobre todo, a una necesidad económica de recuperar el dinero invertido, aun pasando por encima de los deseos del entrenador y de los jugadores. Así lo reconocieron todos ellos. Pero en los casos tanto de Higuaín como de Ozil, fueron los jugadores –o su entorno-, los que primero plantearon el deseo de abandonar Concha Espina. Deseo que acabó siendo cumplido por duplicado.

Es lógico por tanto que haya aficionados paralizados por el síndrome de Robben y Sneijder. Evidentemente, les escocería mucho ver al alemán y al argentino triunfando fuera del Santiago Bernabéu como lo hiciera el extremo del Bayern y el mediapunta del Galatasaray, aunque éste sólo fuera el primer año. Y nadie puede asegurar a día de hoy que el Real Madrid no se vaya a arrepentir uno o varios años después de haberlos vendido. Tampoco caben todos, por otra parte, alguno tendrá que salir para que vayan entrando otros. Pero sea como fuere, y puestos a que cada uno se responsabilice de sus decisiones, hay que darle al César lo que es del César. Y desde luego que las salidas de Higuaín y Ozil no pueden partir de las mismas premisas que aquéllas, cuatro años atrás. Porque tanto el uno como el otro fueron los primeros que dieron un paso hacia adelante para salir del club.






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