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El germano cambia ser el ‘10’ del Real Madrid por un sueldo mayor en un Arsenal que lleva ocho años sin ganar ni un título. Desazón para el club blanco. Decepción con el futbolista

Fue a principios de verano cuando se pudo ver a Mesut Ozil acudiendo a las oficinas del Santiago Bernabéu una vez finalizada la temporada. Pretendía una renovación al alza que en aquel momento no consiguió. Saltaron las alarmas entonces. Pues en seguida empezaron a aparecer nombres de clubes que pretendían fichar al ‘10’ blanco, desde Italia a Inglaterra, pasando por Alemania. Eran sólo los primeros temblores que anunciaban el terremoto: que Ozil abandonaba el Real Madrid. Su destino, el Arsenal. Un bombazo cuando la campana estaba a punto de marcar el final del mercado de fichajes. Y una noticia triste para el Real Madrid.

Y es que el club blanco deja marchar a uno de los jugadores con más presente y futuro de todo el panorama futbolístico. Le fichó por unos 18 millones de euros cuando era un semidesconocido para el gran público, y en estos tres años ha demostrado sobradas aptitudes para poder guiar a un equipo del calibre del Real Madrid. Casi ha triplicado su valor en el mercado, aunque en realidad, su aportación y su proyección sobre el césped es incalculable. Cosas del talento, que es de difícil de cuantificar. Su pulida técnica es única, su visión privilegiada, tiene una capacidad innata para encontrar huecos que nadie percibe, y todavía en estos últimos tiempos había mejorado tanto su físico como su regularidad y su aportación de cara a puerta.

Es un genio del balón. Como quedan pocos en el fútbol actual, además. Sin Cristiano Ronaldo ni Leo Messi de por medio, estaría seguro disputando el Balón de Oro. Tiene el nivel para ello. Por encima de la línea que delimita quién es un mago con la pelota, y quién un simple meritorio a ilusionista. La que delimita quién está capacitado para crear en el fútbol, y quién está condicionado por él. La lástima para el Real Madrid es que, más allá del rectángulo de 107 por 70 metros, su cabeza y su bolsillo van mucho más allá de donde llega su corazón.

Porque si hay alguien que queda ineludiblemente en evidencia con este traspaso es el propio Mesut Ozil. Estaba en el club más grande del mundo, en uno de los mejores equipos del panorama planetario a día de hoy, había sido titular los tres años precedentes, el público realmente le quería, como así indica que el dorsal ‘10’ le fuera adjudicado casi por presión popular… y se marcha al Arsenal. Un equipo que ni siquiera está entre los punteros de la Premier League, y por supuesto tampoco en el Viejo Continente. Acumula ya ocho años sin ganar ni un título, y no parece que vaya a hacerlo éste tampoco. Un club que, convencido de la necesidad de reforzarse, había sondeado a ni se sabe cuántos jugadores antes que al propio Ozil. Imposible no sentir cierta decepción con el cambio.

Será, eso sí, un traspaso récord. Y un sueldo récord también. Aun siendo el vigésimo plato, o más, para los dirigentes gunners. Si cuesta encontrar una razón por la que el germano podría cambiar el Santiago Bernabéu por el Emirates Stadium, ahí tienen una. De peso, sólo para algunos, claro. Entre ellos, el propio Ozil. Una lástima para el Real Madrid no poder explotar durante más años todo el talento del alemán. Porque aunque ahora muchos de los críticos se giren hacia la planta noble del coliseo blanco, ellos son más víctimas que verdugos en este entuerto, presiento. En este caso, no se puede aplicar la propiedad conmutativa, porque sí se altera el resultado final: es el jugador el que está dispuesto a marcharse mientras no le renueven, y no el club el que le abre la puerta para venderle.

Y la clave para haber tomado esta decisión hay que buscarla más allá de la necesidad recaudatoria tras la llegada de Gareth Bale. Escarbemos sólo un poquito más, y es que también hay que pensar que con jugadores de este palo, el conflicto económico y contractual es potencialmente muy factible. Si no era en este verano, hubiera sido el próximo invierno, o dentro de unos meses más. En estos tres años, Ozil ha cambiado de agente, de patrocinador deportivo (con un conflicto de cumplimiento de contratos mediante), y había pedido la renovación al club blanco más de una vez. Estaba escrito que el terremoto, aunque ahora nos pille por sorpresa, acabaría llegando.

De aquí en adelante, el club blanco recibe ahora unos 50 millones de euros que suponen un nuevo récord de ventas. Tiene un buen fondo de armario en la plantilla como para suplir ampliamente la baja de Ozil. Aunque siempre quedará esa desazón por no poder comprobar hasta dónde podría haber llegado con la elástica ‘10’ del Real Madrid. Mientras tanto, el jugador tiene el difícil reto ante sí de seguir progresando sin una oposición cruda por la titularidad, y sin los Ronaldo, Benzema, Xabi, Di María, Isco, o Khedira. Muy difícil lo tiene. Quién sabe si lo ha pensado, siquiera. Aunque sólo el tiempo podrá decir si el Ozil que ayer aparentaba poder alcanzar a Zidane se queda simplemente en un Robinho cualquiera, o no.





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