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Real y Barça cambian banquillos. En Madrid se busca un giro con un técnico sobradamente contrastado. En Barcelona, la continuidad estilística pese a la teórica inexperiencia

Hubo un tiempo no hace tanto donde los duelos entre Real Madrid y Barcelona alcanzaron cotas de tensión raramente vividas anteriormente. De la mano de Pep Guardiola, el cuadro blaugrana cuajó la mejor época de toda su historia, que ya es decir. Y mientras tanto, en el Real Madrid se encomendaron a los métodos de José Mourinho, especialista en vigorizar equipos, para revertir esta tendencia sea como fuere. Y con el portugués entregado a la idea de un enfrentamiento total y frontal contra todo lo blaugrana, ya fuera mediante declaraciones directas, la oposición de dos estilos de juego e incluso los dedos en el ojo, hasta los partidos de Liga retrasaban su horario para poder televisar en directo las ruedas de prensa de los técnicos merengue y azulgrana incluso. El espectáculo trascendía el terreno de juego, en una función casi circense centrada en las figuras, sobre todo, de Guardiola y Mourinho.

Sin el de Santpedor y con Tito Vilanova en el banquillo, el año pasado los duelos directos bajaron ya varios enteros en intensidad. Pero este año, no queda ya nada de aquello. Ni el portugués en la Casa Blanca, ni el cuerpo técnico de Pep en Can Barça. Carlo Ancelotti y el ‘Tata’ Martino son los nuevos inquilinos, por unas razones o por otras. Aquel duelo quedó ya extinguido. La relaciones se resetean. Empieza de cero. Pues los cambios son más que notables.

Sobre todo en lo que se refiere al Real Madrid. Y es que en Concha Espina se han decantado por un entrenador radicalmente contrario al último en la figura de Carlo Ancelotti. Con experiencia en grandes clubes, un técnico capaz de lidiar con un vestuario plagado de estrellas después de las disensiones surgidas en este último trienio, un preparador educado y formal de puertas hacia adentro pero también hacia afuera tras la infinidad de polémicas en las que se ha visto envuelto el club blanco en estos años, un entrenador apasionado de la táctica y con un currículum intachable donde lucen hasta cuatro Champions League.

Mientras tanto, en la Ciudad Condal se han decidido por seguir con una línea continuista, y para ello se ha optado por el ‘Tata’ Martino, englobado dentro de ese selecto y elitista grupo de técnicos con un gusto especial por el fútbol de bouquet de toque. Su experiencia en grandes equipos es tan extensa como sus incursiones en el fútbol europeo: nula. Aunque no es menos cierto que en Argentina y con Paraguay ha conseguido notables éxitos. Quién sabe si en el Camp Nou no han sobrevalorado excesivamente aquella propaganda de la filosofía futbolística culé, y no están ahora arriesgándose en exceso con un técnico semidesconocido para el gran público sólo por impostar unos valores recientemente aprehendidos. Y quién sabe si no están sobrevalorando también las opiniones de algunos miembros de esa plantilla.

No es menos cierto también que las recientes apuestas por entrenadores con un perfil más bajo mediáticamente no le podían haber salido mejor al Barcelona, en las figuras de Frank Rijkaard, Pep Guardiola y Tito Vilanova. De igual manera que al final, como en toda práctica no científica, serán muchos los factores que influyan en la evaluación última de los aciertos y errores. Empezando por los propios jugadores, los encargados de meter la pelotita en la portería contraria y evitar que entren en la propia. Pero a priori, en este nuevo ciclo en el que entra la rivalidad entre Madrid y Barcelona, la apuesta merengue en el banquillo parece más fiable que la azulgrana. Ni mejor, ni peor, igualmente respetable, pero al menos sí más fiable por los precedentes conocidos. A priori, claro. Porque a posteriori, sólo el tiempo lo puede decir. Emociona poder comprobarlo.

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