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Desde los medios de comunicación españoles se ha defendido la teoría de que el guardameta del Real Madrid está siendo víctima de una brutal persecución. ¿Seguro que es así?

Empezaremos estas líneas diciendo que la imagen de España en Brasil fue horrorosa. Empezando por Iker Casillas y terminando por Fernando Torres, sin excluir, desde luego, a un Vicente Del Bosque que no levanta un partido con sus decisiones desde que lo llamaban "alineador" hace más de diez años.

No se salva nadie. Quizás Andrés Iniesta y su intento por hacer siempre algo diferente. Pero nada más. El rendimiento de los jugadores en la final de la Copa Confederaciones fue preocupante. Entraron al campo creyendo que iban a pasearse y acabaron dándose cuenta de lo que es medirse a una pentacampeona del mundo con sed de gloria.

Dicho esto, la culpa es de Álvaro Arbeloa. Siempre es su culpa. Acusado de no centrar como David Beckham y no tener las cualidades de Cafú, el lateral del Real Madrid fue el artífice de la humillación sufrida. Da igual que Iker Casillas se quede debajo del larguero en el 1-0. Da igual que Jordi Alba rompa el fuera de juego en el 2-0 y que el portero haga la estatua. Da igual que expulsen a Gerard Piqué por roja directa. Da igual que Xavi reparta menos juego que un croupier en un casino vacío. Da igual que David Villa salga al campo con 3-0 en contra. La culpa es de Arbeloa.

Señalar al ex del Liverpool es deporte nacional. Los mismos que hablan de persecución mediática sobre Iker Casillas piden que Arbeloa sea fusilado al amanecer. El diario Marca, periódico que nunca miente y que en 2006 dijo que España iba a jubilar a Zidane (en Francia siguen riéndose), suspendió únicamente al zaguero del Real Madrid tras el desastre de Maracaná. Todos los demás futbolistas aprobaron. Puede parecer una broma, pero no lo es.

Y mientras Arbeloa suspende y queda señalado sin ninguna campaña mediática de por medio, Iker Casillas, yerno de España y mártir a tiempo completo, aprueba y se lleva buenas palabras de un sector de la prensa que detesta la palabra meritocracia al igual que la ética. Y así les va, claro.

Durante los últimos diez días se deslizó que Xabi Alonso no era necesario, que Iker volvía a demostrar que era el mejor del mundo, que Xavi Hernández seguía siendo el número uno en su puesto... Tras el ridículo en Maracaná, lo anteriormente comentado apenas sufre una variación cuyo final tiene tres palabras: Culpa de Arbeloa.

Y es que, España es un país en el que los que denuncian una campaña "casi violenta" (Santiago Segurola dixit) sobre Casillas son los mismos que piden a gritos que Azpilicueta sea el lateral derecho titular. "Ha hecho méritos para ello", aseguran. Y Valdés, mientras tanto, muerto de risa. Lo de la meritocracia va por puestos. O por campañas.

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