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El movimiento en torno a 'The Special One' va mucho más allá del simple apoyo a un entrenador

Se va José Mourinho. Fiesta en redacciones y emisoras. Felicidad difícil de ocultar para muchos. Hora de aflojarse la corbata y ponerse una copa con la que disfrutar del momento. Del trabajo bien hecho. Los periodistas, que no son culpables de su marcha, sí son cómplices. Pero da igual. El fin justifica los medios. Y la ética se perdió en reuniones de taberna e insultos fáciles.

Fiesta también en una parte del vestuario del Real Madrid. Como los niños que celebran que su profesor se ha puesto malo y ya no hay clase. Eso de sufrir mano dura sienta igual de mal a los siete años que a los 32. Ahora, a esperar que el que venga sea más amigo que entrenador. Que deje cierta libertad, no vaya a ser que esto sea un club de fútbol en lugar de un millonario pasatiempo.

Mucha felicidad. Tanta como ignorancia. Porque Mourinho se va, pero el Mourinhismo se queda. The Special One dice adiós tras ganar tres títulos, quitar decenas de caretas y abrir millones de ojos. Ahí está el Mourinhismo. Conocer el entorno y analizarlo en base a una filosofía clara y una personalidad a prueba de campañas. Una idea que va más allá de una persona.

Se demostrará que el Mourinhismo no es un grupo de borregos que siguen a su líder contra viento y marea. Nos lo han querido vender así. Más que nada porque entre creerse una mentira y buscar la verdad, es más cómodo lo primero. Y, para qué engañarnos, porque el Mourinhismo es incómodo.

Ahora viene la época del señorío y los valores. Querrán recuperar el tiempo perdido. Ya no tocará morir en el campo. Simplemente bastará con ser educado, guiñar el ojo, dar apretones de manos y dedicar sonrisas. Aunque sean forzadas. Porque el señorío, al menos para la prensa, no es más que poner la otra mejilla y así recibir palmaditas en la espalda. Se vive mejor así.

Pero hay un problema. Eso se podía hacer en los ochenta o los noventa. Ya no. Hay millones de ojos abiertos y mucha gente que ya no se conformará con lo que le cuenten, sino con lo que sepan. Y saber es mejor que aprender. Saber es más satisfactorio que esperar a que te cuenten. Porque lo que te cuenten puede estar manipulado. El saber, no.

Así las cosas, una parte del madridismo, la del Mourinhismo después de Mourinho, seguirá defendiendo a su club. Dejarán que los buitres vuelen alto, pero no permitirán que bajen al suelo a por carroña.

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