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La incomprensible actitud del portugués en la final de Copa del Rey culminó con una absurda expulsión cuando el partido agonizaba

OPINIÓN

Cristiano Ronaldo abandonó el césped del Santiago Bernabéu en silencio, herido en su orgullo, con palmaditas de apoyo de sus compañeros que no suponían ningún consuelo para el astro portugués del Real Madrid, expulsado por Clos Gómez tras una incomprensible acción sobre Gabi. Ese 'walk of shame' hacia los vestuarios reflejó a la perfección aquello que Ronaldo siente en cada partido pero que, gracias a su voraz apetito goleador y a su ambiciosa actitud, es capaz de disimular: una terrible frustración.

Es la frustración un sentimiento de impotencia. Una sensación de vacío hacia un objetivo que suele resultar inalcanzable. Recurso que José Mourinho empleaba el otro día para justificar las palabras de Pepe en la ventaja que Raphael Varane le ha tomado hacia la titularidad en el centro de la defensa. Resulta por tanto difícilmente atribuible a Ronaldo, que cada día pelea por ser el mejor futbolista del planeta. Trataré de explicarme.

Debe ser complicado, en un deporte colectivo, haberse convertido en la única referencia de tu equipo. Haber convertido la realidad en un 'CR7 + 10'. Un grupo de jugadores elegidos a dedo y fichados a base de talonario que dependen de tu inspiración, de tu olfato, de tu hambre por ser el mejor, al fin y al cabo. Debe ser difícil de asumir el peso de una plantilla de 300 millones de euros sobre tus hombros en cada partido; estrellas que se iluminan esporádicamente, que brillan una vez al mes, para el deleite, eso sí, de una afición actualmente dividida a causa del cisma 'mourinhista'.

Consciente de la 'Cristiano-dependencia' que padece el Madrid, Ronaldo asumió el liderazgo que le corresponde y, en un temprano saque de esquina, se zafó de la marca de Diego Godín para cabecear a la red el primero de la noche. Esa aportación fue la única positiva del luso en toda la noche -salvo una falta al palo que pudo resultar definitiva-. Desde ese minuto 15, el de Funchal mostró una actitud incomprensible, rozando lo infantil, quejica, desesperada.

Sometido a un intenso marcaje durante toda la noche, Cristiano -con más o menos razón- pidió falta en cada contacto. Me atrevería a decir que no hubo jugador del Atlético de Madrid que quedara exento de atizarle. Desde Miranda a Arda Turán, pasando por Filipe o Juanfran, la férrea y ordenada defensa del Atlético se encargó de echar por tierra la aparición del mejor Ronaldo.

Ya (auto)expulsado Mourinho, CR7 perdió los papeles tras recibir una dura entrada de Gabi. El equipo de Simeone ya se había puesto por delante en el marcador y la impotencia del '7' blanco se elevó a la máxima potencia para soltar una innecesaria patada sobre el capitán atlético. Se escapaba la única opción de título para el Madrid en esta temporada 2012-2013. Ronaldo emprendía su particular camino de la vergüenza. De la frustración.

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