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El técnico dejó al luso en la grada, alineando al francés, que se lesionó y se perderá la final de Copa del Rey. En rueda de prensa se negó a justificar la no convocatoria de Pepe

La noche que le deparaba Cornellá al Real Madrid no pudo ser peor. Empató ante un serio Espanyol, brindándole así el alirón del título de Liga al Barcelona. Sin duda, el peor precedente posible para encarar la final de Copa del Rey de este próximo viernes. Pero más allá del fondo, pues al final el equipo merengue había abandonado la carrera por el título hace demasiado tiempo, es especialmente sangrante por las formas. Por la paupérrima primera parte y, sobre todo, por la lesión de Raphael Varane al cuarto de hora, por la que dice adiós a la temporada y, por supuesto, al derbi por el único título aún en juego.

Y vaya por delante que las lesiones siempre son inesperadas y fortuitas, pero en este caso, siempre quedará la sensación de que pudo haberse evitado. Y es que, con hasta siete jugadores de los menos habituales en el once inicial que dibujó José Mourinho, el técnico dio la alternativa al defensa francés cuando su escudero, Pepe, estaba sano pero desconvocado, en la grada. Un castigo a todas luces visible después de que el central defendiera públicamente a Casillas criticando a su entrenador, del rapapolvo de Mourinho de vuelta, y de que el ‘3’ blanco ya hubiera sido desconvocado ante el Málaga. Castigo que tuvo su continuidad en la Ciudad Condal.

Si Mourinho no pensó en que hacer jugar a Varane era un riesgo, es grave. Pero lo es todavía más que lo pensara, y aun así priorizara su disputa personal con Pepe, al bien global del equipo de cara a esa final de Copa en ciernes. Como ha parecido que ha hecho. Pues no sería tampoco la primera ‘mourinhada’ de este estilo. En la que, además, los acontecimientos le dejan retratado, como ha sucedido con esta desafortunada lesión del ‘2’ blanco.

Véase el caso de Iker Casillas, cuando le deja en el banquillo en Málaga, donde pierde, argumentando que Antonio Adán está en mejor forma que él. El partido siguiente, Adán fue expulsado nada más comenzar y Mourinho tuvo que recular para recurrir a Iker de nuevo. Pero es que todavía Casillas se lesionaría unas semanas más tarde, y el técnico acabaría desdiciéndose fichando a Diego López en perjuicio de un Adán que pasó de primer a tercer portero con apenas días de diferencia.

En ese momento, Mourinho dio la callada por respuesta, y fue sólo hace unas semanas (muchos meses después de haber dejado a Casillas por primera vez en el banquillo) cuando razonó las motivaciones deportivas que le habían llevado a dar la alternativa a Diego López en lugar de Iker. Un loable pero cobarde modus operandi que ha vuelto a reproducir este sábado, sin dar al madridismo una sola explicación razonable de la ausencia de Pepe. “No tengo que justificar por qué descarto a Pepe. Son decisiones mías porque soy el entrenador y punto”, dijo en primera instancia, ya conocida la lesión de Varane, para después tratar de darle la vuelta a la tortilla, señalando a los periodistas: “Esta Liga ya tiene campeón, y sólo preguntáis por un futbolista…”.

Como el mismo Mourinho dijo hace escasos días, explicando sus motivaciones, nadie le podrá quitar la razón y sólo podrán mostrarle respeto aunque piensen que está equivocado. Pero sin dar explicaciones deportivas, no habrá nadie que no piense en que efectivamente ha priorizado su castigo particular al porvenir del Real Madrid. Una vez más. Y ahora, como entonces, el destino todavía le ha guardado otro irónico revés, pues será en la misma final de Copa, el día más importante del curso para el club blanco, cuando deberá resolver su particular disyuntiva. Se admiten apuestas. La mía, que Pepe seguirá sin jugar. Mourinho seguirá siendo genio y figura hasta la sepultura.

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