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Desde el Real Madrid se ha decidido suprimir la tradicional rueda de prensa previa a los partidos, en este caso al del Espanyol. El pretexto es “enfriar el ambiente”

El Real Madrid visita este sábado al Espanyol en un intrascendente partido para el devenir de la Liga, que más pronto que tarde caerá en poder del Barcelona. Más importante es sin duda la final de la Copa del Rey ante el Atlético, que se celebra la próxima semana. Toda vez el equipo merengue ha caído en la Champions League, es la semana más crucial de lo que queda de curso, la única competición que puede evitar una temporada en blanco para el Real Madrid. O lo que viene a ser lo mismo, el descalabro absoluto en la Casa Blanca. Y para “enfriar el ambiente” en esta tesitura, desde el club madridista se ha decidido prescindir de la tradicional rueda de prensa que viene dando el entrenador en las previas de los partidos. En este caso, la de este viernes para el choque en Cornellá-El Prat.

Una decisión loable y respetable donde las haya, pero más que discutible. Y es que, si el ambiente se ha caldeado a estas alturas de curso, no es por la relevancia de los partidos en ciernes. Ni mucho menos. Sino única y exclusivamente porque desde dentro del propio vestuario merengue se están ajustando públicamente todas las cuentas posibles antes de que José Mourinho, el principal promotor de semejante desafuero, haga las maletas. Ni más ni menos.

De forma que, si lo que de verdad se pretende es “enfriar el ambiente”, bastaría con poner un poco de cordura, de respeto y de educación en la comparecencia de cual protagonista fuera. Pero nunca hay por qué imponer el silencio. Al fin y al cabo, por muchos sacos de arena que pretendas utilizar, el problema seguirá latente, aunque enterrado. O como reza el refranero español, aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Y si el engranaje del Real Madrid no funciona hoy como debiera, nunca será por la exposición pública de sus miembros, que es prácticamente inexistente en este último trienio. Sino más bien por una latente falta de resultados, unido a una deficiente gestión de los recursos del vestuario, y a un desgaste permanente de la imagen y los valores del club.

Si es que no funciona bien, claro. Pues desde varios estratos del madridismo se conviene a apuntar que la normalidad, y hasta casi el éxito, es lo que impera hoy en día en la entidad merengue.

Sea como fuere, en el fondo subyace un nuevo movimiento en la permanente estrategia de situar a los medios de comunicación en el ojo del huracán ante los aficionados, señalándoles alevosamente como si fueran los máximos culpables de todos los males merengues. Aunque no es la prensa la que sale a jugar al Santiago Bernabéu, no son las radios las que mantienen una mala relación en el vestuario merengue, ni entre las atribuciones de las televisiones está la de tomar las riendas del club ante los constantes desacatos públicos de los propios empleados. Para nada. José Mourinho lleva tres años siguiendo esa misma estrategia, con la colaboración incluso de un Florentino Pérez que se prestó a semejante representación este pasado enero también, y ni el Real Madrid ha conseguido ganar más, ni se han caído ninguna de las informaciones que tanto criticaban. Más bien al contrario. Pero claro, el camino fácil es la ley del silencio, y no la ley de la verdad.


MOURINHO TUVO PALABRAS PARA TODOS EN SU ÚLTIMA RUEDA DE PRENSA

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