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Este jueves se cumplió el primer aniversario de la final europea que el conjunto vasco disputó en Bucarest. Desde entonces, sólo se han sucedido malas noticias

Esfumado el sueño europeo del Athletic Club de Bilbao, lloraban desconsolados Ander Herrera, Iker Muniain o Ibai Gómez en el césped del National Stadium de Bucarest. Quizá conscientes de la oportunidad que acababa de volar de sus manos. El reto de superar al Barcelona en la final de Copa del Rey dos semanas después fue inasumible para un equipo que ya había tocado el cielo y emprendía una caída al vacío.

Un año ha pasado desde entonces. Doce meses de sinsabores tanto a nivel futbolístico como institucional. La renovación de Marcelo Bielsa el 3 de junio de 2012 precedió a las semanas más convulsas en Ibaigane, preludio de una temporada nefasta, sin duda para olvidar.

Zarandeó Bielsa a aquel obrero de Lezama que presuntamente había ignorado las indicaciones del rosarino y pareció sacudir de repente mil males que esperaban en la 'Pole Position' para salir a la luz: la operación tardía de Herrera por acudir a los Juegos Olímpicos, la salida de Javi Martínez al Bayern en los últimos días del periodo estival de fichajes, el anuncio de Llorente de que quería abandonar el club... El comienzo de la nueva temporada era un agorero presagio de lo que estaba por venir.

De héroe a villano pasó el delantero de Rincón de Soto. De hacer 30 goles y liderar al equipo camino de las dos finales a ser repudiado por la grada de San Mamés. Despreciado en cada partido por entrenador y afición. Ninguneado hasta la saciedad, Llorente esperó al 1 de enero para confirmar su futuro fichaje gratuito por la Juventus, tras continuos rechazos por parte de Urrutia, que se negó a venderle a la baja.

Emulando a su compañero y herido en su orgullo -Dios sabrá por qué- Fernando Amorebieta inició un pulso contra su entrenador y contra la directiva. El internacional por Venezuela tensó la cuerda y encendió una mecha que nadie pugo apagar. El club terminó por retirarle la oferta de renovación y 'Amore' firmó por el Fulham para la próxima campaña.

El Athletic se desvaneció entre la polémica y no recordó de que San Mamés cerrará sus puertas a final de temporada. Se olvidó de dignificar La Catedral en cada partido 'especial': echó el telón de la Europa League ya sin opciones y con un insignificante 0-0 frente al Sparta de Praga, la Copa del Rey terminó con un 1-1 contra el Eibar que también dejaba en la cuneta a los rojiblancos. El último derbi vasco ante la Real Sociedad terminó con una sonrojante victoria visitante por 1-3, tan contundente como el 0-3 del Real Madrid hace apenas un mes.

Quedará el conformista consuelo de poder certificar la permanencia este sábado ante el Mallorca. San Mamés se llenará para alentar al equipo camino de una salvación que se presume balsámica después de un año agónico, triste. Sin duda para olvidar.

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