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El cancerbero pisó el banquillo por primera vez en La Rosaleda, justo hace una vuelta. Aquella polémica decisión del técnico no ha traído ningún fruto al club merengue

Con motivo de la final de Copa del Rey, la jornada 36 del campeonato se adelanta a este miércoles en el caso del Real Madrid, que recibe al Málaga en el Santiago Bernabéu. Un partido con su gracia. Por el pasado de Manuel Pellegrini como entrenador merengue, por la polémica que inició José Mourinho con el chileno, porque ambos se cruzaron recientemente con el Borussia Dortmund en la Champions League dejando el poso de que blanquiazules plantaron más cara a los borussers que los merengues… pero sobre todo, porque es inevitable echar la vista atrás y recordar que fue ante el Málaga en la primera vuelta cuando el conflicto entre Mourinho e Iker Casillas saltó por los aires. Todo empezó en la Costa del Sol.

Y es que fue en La Rosaleda, en el último partido del año 2012, cuando el técnico de Setúbal decidió darle al capitán blanco su primera ración de lo que él entendía como jarabe de banquillo. “Antonio Adán está mejor” vino a decir en la rueda de prensa posterior, abriendo así la particular Caja de Pandora en el Real Madrid. Ya anteriormente se había hablado de la mala relación entre Casillas y Mourinho, pero aquella suplencia fue la representación perfecta a ojos de todos de lo que se cocía en el vestuario merengue, al no mediar catástrofe alguna bajo palos previamente.

El Real Madrid marchaba ya entonces a trece puntos del Barcelona, que fueron dieciséis tras caer en Málaga con Adán de portero (3-2), y la perspectiva del tiempo nos ayuda a comprobar que la distancia en la clasificación es de lo poco que ha mejorado el equipo blanco desde entonces. Porque, fuese lo que fuese lo que buscaba Mourinho con esa revolución, no dio apenas ningún fruto positivo. Al menos, para el Real Madrid. Pues ahora son ‘sólo’ once puntos de distancia con respecto al Barcelona, pero igualmente abismales para darles caza. Y por otro lado, perdió a un portero para la causa: un Adán superado por los acontecimientos, y posteriormente repudiado por el que entonces le dio la alternativa, vendiéndole como el portero más en forma del equipo. Ganó asimismo a otro gran portero, Diego López, que está cuajando una dignísima temporada. Cierto. Pero no fue consecuencia de aquella estrategia de Mourinho, sino de una involuntaria patada de Arbeloa a Casillas, cuando el gallego ni siquiera ha mejorado los registros de goles encajados que sumaba el de Móstoles hasta entonces.

En otro orden de cosas, aquella suplencia de Casillas agitó al madridismo, perdiendo así Mourinho muchos adeptos. Ni las formas ni el fondo fueron del todo limpios (como luego quedaría demostrado cuando se tardaron apenas horas en fichar a Diego López), y parte de la afición lo captó al instante. Es cierto que para otra minoría supuso un poco más de carnaza en su cruzada contra Casillas para defender a Mourinho. Pero lejos de eso fuera algo beneficioso para el club, sólo significó una brecha todavía mayor entre la masa social merengue. Mourinho quiso dar un golpe en la mesa para demostrar su poder… y tan fuerte atizó que, con ello y sin resultados, resquebrajó las bases que cimentaban el apoyo y la confianza que le profesaba la hinchada merengue. Ahora le pitan en su propio estadio, pero todo empezó en Málaga.

No fue sin embargo esta consecuencia la más gravosa que trajo la suplencia de Casillas en Málaga. Y es que, dentro de toda esa espiral de despropósitos que arrastró, quizás la más relevante fue el recelo que generó Mourinho dentro de su propio vestuario. Porque en la caseta eran conscientes de que impostaba al hablar de confianza en Adán (nunca antes le había dado un partido importante en dos años y medio), y de que en el fondo subyacía esa inquina personal del técnico hacia el capitán. Y aun así, priorizó su propio duelo al interés general del equipo. Ahora sorprenden declaraciones como las de Cristiano Ronaldo y Pepe, o la revelación de que Mourinho no tiene arraigo ninguno en su plantilla, pero en realidad esto sólo son los lodos de aquellos barros. Esas diferencias empezaron mucho antes incluso de visitar Málaga.

Eso sí, conociendo lo maquiavélico que ha demostrado ser José Mourinho, cabe la tentación de pensar que, ya en aquel momento, el de Setúbal simplemente estaba dando el primer paso, preparando el camino, para esa huida hacia adelante que está culminando estas semanas: sabiendo que dejaría el club e intentando dejar el poso de que el responsable de las victorias es él, y los culpables de las derrotas del Real Madrid son sus jugadores. Seguramente toda esta puesta en escena en realidad alzara el telón ya en Málaga, con el portero como uno de los primeros en su mirilla.


EL ÚLTIMO 'REJÓN' PÚBLICO DE MOURINHO A CASILLAS

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