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La maquinaria propagandística del Real Madrid, en marcha nada más acabar el partido en Dortmund. La enésima, cada vez más artificial, y con dudosos réditos en el pasado reciente

Batacazo del Real Madrid, y espíritu de Juanito que te crio. Es matemático. Esta vez, después de la debacle en el Westfalenstadion de Dortmund, fue prácticamente instantáneo. Desde esa misma noche, a través de los medios oficiales del club blanco ya se estaba invocando al mítico ‘7’ madridista, a las remontadas ante el Derby County, el Borussia Mönchengladbach, y el Anderlecht. Ni siquiera se esperó a que levantaran el telón los propios jugadores, la afición, o los mismos medios de comunicación. Todo tan frío, tan artificial. Y tan vacío, además.

Porque de tanto invocar a los espíritus, a las noches mágicas del Bernabéu, y al miedo escénico del coliseo blanco, entre otras muchas cosas, al final todo ha quedado en puras pamplinas, en etiquetas de quita y pon. Postureo, que gusta decir ahora. Gloriosas en aquellos entonces, han pasado ya 28 años desde que Juanito acuñara la famosa frase de que ‘noventa minuti en el Bernabéu son molto longo’. Y Sergio Ramos la parafraseó desde el mismo césped del Signal Iduna Park, como otros ya lo han hecho con anterioridad, pero lo cierto es que no se ha vuelto a vivir nada igual. En 28 años. Más bien al contrario. Excepción hecha de la Liga del Clavo Ardiendo, conquistada en otras circunstancias distintas a las que le espera al Real Madrid este martes.

Para más inri, es que además la afición del Real Madrid, y por ende su estadio, es uno de los más fríos de entre los grandes equipos del Viejo Continente. Proporcionalmente al tamaño del graderío y la entidad del club, seguramente el que más. Quizás no lo fuera en los años 80, pero el de hoy en día es un público que acude al estadio a que le animen, y no tanto a animar. Ni siquiera en las más grandes noches de los últimos años, el Santiago Bernabéu se ha caracterizado por jalear de principio a fin. Quiere ser una caldera durante los primeros minutos, pero pronto se agotan las fuerzas si desde el césped no se invita a continuar así. Hace tiempo que en el coliseo blanco los partidos sólo los ganan los jugadores y no el respetable.

Asimismo, en el fondo de todas estas invocaciones y de esta súplica de soporte hacia la hinchada, subyace una gran hipocresía. Pues son esas mismas personas que ahora piden su apoyo, los que también salen de la ciudad deportiva en sus deportivos por la puerta de atrás para evitar a la escasa decena de hinchas que les esperan en la rotonda de entrada. Los mismos que también regatean a los fans que les esperan en la terminal del aeropuerto o en la puerta del hotel. Los que bunkerizan los entrenamientos. El que se encara a su afición cuarenta minutos antes de un derbi. Los mismos que abandonan el césped del Westfalenstadion sin ni siquiera agradecer el esfuerzo a los miles de hinchas que han viajado hasta Dortmund para apoyarles…

Pues qué quieren que les diga, el fútbol podrá decir lo que sea el martes, pero yo ya no me creo toda esta superficial parafernalia del espíritu de Juanito. Hace tiempo que esa magia y esa química se desgastó, dejando tras de sí apenas un rastro de humo. Bajo ese buen eslogan propagandístico sólo hay humo.

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