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Ni la sombra del rosarino se asomó en Alemania; dio enormes ventajas físicas; no aceleró una sola vez; ¿por qué no pidió el cambio?; debió admitir que es humano, aunque no parezca

¿Cuánto le debe el Barcelona de los últimos tiempos a Lionel Messi? Poco menos que todo. ¿Merece la pena explicar por qué? No. Hoy toca hablar de la responsabilidad que ha tenido el número 10 azulgrana en la casi palpable eliminación catalana de la Champions League (sólo el escudo y la historia reciente de este equipo obligan a decir casi). Ante Bayern Múnich fue uno de los grandes responsables de la debacle.

Si de algo estoy seguro es que el delantero blaugrana sigue siendo el mejor futbolista del mundo. El alma de un equipo dependiente de él, como hace días reconoció Iniesta. Para él no hay fin de ciclo a la vista. Pero los culés dependen de un Messi en plenitud física, no del fantasma que se paseó anoche por el Allianz Arena. Ni la sombra del rosarino se asomó por Alemania. Ya habrá tiempo de analizar si Piqué juega con el DNI de Puyol, si Abidal debió ir en lugar de Bartra, o si a Dani Alves no le enseñaron a saltar (ver los dos primeros goles). Lo cierto es que la ausencia de Messi ha sido mortal.

¿Por qué no pidió el cambio?
Barcelona


2/5
Es error de quien lo pone, pero ¿quién le va a decir a él que no tiene que jugar? Ni Guardiola. Leo decide si juega o no juega. Y el técnico no se atrevió a quitarlo del campo. Tuvo una sola ocasión y no la aprovechó. Visiblemente tocado, obtuvo una puntuación 2/5.

Más que su lamentable actuación, al astro sudamericano hay que reprocharle no haber pedido el cambio. El goleador de la Liga española, que recibió el alta médica (anecdótica) minutos antes del inicio del juego, en verdad no estaba para salir desde el minuto cero. Y tuvo todo un tiempo para comprobarlo. Una primera parte en la que ni la olió. No sólo porque un inédito Bayern Múnich (así lo reconoció Arjen Robben) ganó en todos los sectores del campo de juego. Incapaz de correr una sola pelota e impreciso por falta de ritmo, La Pulga fue más pequeña que nunca. En la segunda mitad fue más de lo mismo.

El propio Messi admitió tras el desastre de Múnich que no estaba en las mejores condiciones. Pese a todo, creyó que podía. Se vio claramente que no. ¿Quién le hubiera dicho algo si pedía salir del campo? Más de uno le habría llamado miedoso. Cagón, en el diccionario de la pelota. Equivocados ellos. Eso no es borrarse. Borrarse es no pedir un penalti siendo el líder de tu equipo/selección o hacerse expulsar en momentos calientes.

Reconocer su condición de humano habría sido un acto de sinceridad útil para el Barcelona. Y el Messi de los dolores, el lesionado, es humano. Pero Leo, responsable de su irresponsabilidad, esta vez no pensó en el equipo. El ídolo le cobró una deuda al Barça de los últimos tiempos.

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