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El lateral español no sólo se vio adelantado por Essien en el once titular, sino que quedó en evidencia al ser expulsado tonta pero merecidamente en las postrimerías del choque

El Real Madrid ya está en semifinales de la Champions League. No había lugar para otra cosa que no fuera la clasificación blanca. Aun así, el madridismo todavía tuvo que aguantar la respiración durante los últimos veinte minutos de partido después de haber salido somnoliento tras el descanso, y recibir tres goles del Galatasaray en apenas doce minutos. Por entonces, el cuadro turco debía marcar hasta cinco goles y su primer y tímido disparo había llegado en el minuto 37, con lo que la relajación era hasta cierto punto entendible. Claro que, de salir dormido a encajar tres goles de un equipo netamente inferior, hay un abismo. Y por momentos, este Madrid no supo manejar el escenario que se le presentó delante en la segunda mitad, empañando así la buena imagen durante los anteriores 135 minutos de la eliminatoria.

Como tampoco supo manejar las circunstancias un Álvaro Arbeloa que fue expulsado en un minuto cuando el encuentro ya expiraba. Tonta, pero merecidamente, por otra parte. Y es que, se mire como se mire, no se le puede decir a un árbitro que está loco. Y sabiendo que el castigo es perderse las semifinales de la Champions League, es doblemente gravoso para un jugador curtido ya en mil batallas, y al que se le presupone cierto arraigo en un club del prestigio del Real Madrid.

Quién sabe si la situación se le empezó a escapar de las manos cuando José Mourinho desveló la alineación a sus jugadores, viéndose Arbeloa que volvía a quedarse fuera del once, aun cuando su sustituto era un mediocentro, que además era el único jugador apercibido de todo el equipo. No era la primera vez que Essien le ganaba la partida en un partido grande a Arbeloa, a ojos de un Mourinho que no hace mucho tenía al salmantino como su mano derecha, devolviéndole éste la confianza con un apoyo acérrimo ante los medios, aun cuando en varias ocasiones quedara en evidencia. Aunque eso sí, nunca en un rectángulo de juego como en este doble cruce con el Galatasaray. No estuvo especialmente fino el ‘17’ durante los minutos que anduvo en la cancha, y la guinda fue esa absurda expulsión que le deja inevitablemente en el disparadero en una noche aciaga para él.

No así para un Mourinho al que hoy apuntan todos los focos al volver a meter al Real Madrid en las semifinales de la Champions. Tercera vez en tres años, como se ha hartado a repetir el propio técnico. Y no será aquí donde se le reste ni un ápice de mérito a ese logro. Todo lo contrario. De momento, el equipo blanco va maquillando la nefasta campaña en Liga con una final de Copa y una semifinal de Champions, misma ronda que alcanzaría los dos años precedentes. Otra cosa será que levante algún título, con los consecuentes análisis posteriores, pero de momento, ya se ha sorteado el averno que suponía sumar una eliminación prematura en Champions al estrepitoso fracaso en el campeonato doméstico.

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