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Real Madrid y Levante se vuelven a ver las caras después del vergonzante episodio que protagonizaron en la primera vuelta, con numerosas trifulcas en la zona de vestuarios

Pasado el efecto embriagador de la Champions League, con toda la resaca que ha dejado tras de sí, llega el momento en la Casa Blanca de pensar de nuevo en la Liga. Y si hay alguien que teme por cómo pueda afectar el infierno turco en la disposición de la plantilla merengue pese al 3-0 de la ida, este sábado tienen ante sí una prueba a medida, lo que se prevé una auténtica batalla subterránea como antesala para su visita al averno otomano: el Levante.

Y es que, nada más pensar en el próximo rival merengue, lo primero que viene a la cabeza no es la magnífica racha que llevan los granotas en las últimas temporadas superando innumerables problemas económicos que hubieran hundido a cualquier otro club. Ni el reciente 8-0 en Copa del Rey. Tampoco el gol in extremis que marcó Morata en el partido de la primera vuelta, dando los tres puntos al Real Madrid en lo que fue su explosión definitiva con el primer equipo. Ni siquiera la demostración de entereza de Ronaldo en el Ciutat de Valencia, marcando un gol sobre un campo anegado de agua pese a jugar mareado tras un codazo que le dejó noqueado. El resultado, difícilmente. Y en el caso de que todo ello haga su aparición en el imaginario, siempre lo hace después de recordar la tremenda trifulca que se vivió en el partido de la primera vuelta tras el pitido final.

Morata marcó en las postrimerías del encuentro, desatando los ánimos de los merengues. Pepe ya se encaró con la grada antes del pitido final. Según cuentan los jugadores del Levante, aunque el Real Madrid lo negó, el ‘3’ se puso a bailar y vacilar en el túnel de vestuarios. Posteriormente, según jugadores blancos, sería Ballesteros el que fue a la enfermería a buscar a Pepe para arrearle un puñetazo ante la presencia de un Ronaldo al que atendían los sanitarios. Lo que provocó que se montara una tangana en el túnel de vestuarios entre miembros de los dos equipos, incluidos directivos granotas, obligando así a la Policía Nacional a intervenir para sofocar los ánimos, llegando a retener a la plantilla merengue en su propio vestidor, a excepción de un Mourinho y un Morata que ya habían salido para atender a los medios de comunicación. Y para culminar la actuación circense, luego los jugadores no se cortaron ni un pelo ante los medios: Diop habló de “robo arbitral”, Ramos aludió a Ballesteros como un “boxeador”, y Juanlu dijo que le “causaba mucha risa” escuchar a Ramos hablar de antideportividad.

Alonso y Ramos, reincidentes

Sí señor, todo esto pasó en aquel partido de hace unos meses, lo que como seguramente recordarán generó ríos de tinta durante la semana posterior. Aunque visto con la perspectiva del tiempo, juez inescrutable, parezca mentira, utópico, paródico, casi una fábula aunque siga bien fresco en la memoria, paradójicamente. Y si en aquel momento alguien lo pudo –o lo quiso- justificar por los calentones propios del fútbol, seguramente a día de hoy andará ruborizado por semejante insensatez. Debería. Pues no hay razón que pueda alentar este sinsentido continuado entre profesionales ya talludos de un deporte mediático reflejo para la sociedad cuyo espíritu es el de unir y no el de enfrentar, más allá de la pura competición. Ni entonces, ni ahora, ni este próximo sábado.

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