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El lateral del Chelsea afronta su segunda convocatoria con la selección española. Su juventud y proyección le hacen candidato a ser un fijo tras el salto cualitativo en Inglaterra

Entró en la selección española absoluta sin hacer excesivo ruido. Alejado de la Liga española durante las últimas tres temporadas, puede no ser el cancerbero del Manchester United, el motor del Arsenal, ni el asistente por antonomasia del Manchester City, sin embargo el lateral derecho del Chelsea, César Azpilicueta, tiene algo que le hace especial. Algo que le hace justo acreedor de una plaza en la selección reina del panorama futbolístico mundial.

Formado en las categorías inferiores de Osasuna hasta llegar al Reyno de Navarra, Azpilicueta pronto destacó en la Liga por su efectividad defensiva, un notable físico más por su potencia que por una figura hercúlea como Micah Richards, y una conseguida técnica y criterio con el balón. Se dice que clubes importantes como Barcelona o Valencia pusieron sus ojos en él entonces, sin embargo fue el Olympique de Marsella el que más fuerte apostó, firmando el que sería el fichaje más caro de la Ligue 1 entonces: 9 millones de euros. Un traspaso esperanzador para ambas partes, jugador y club, que fue truncado en un primer momento por una inoportuna rotura del ligamento cruzado anterior de su rodilla, lo que le dejó seis meses fuera de juego cuando había empezado a sobreponerse a la presión de su traspaso, ganándose así el corazón del Velodrome. El aprendizaje de un fútbol hasta entonces desconocido, la aventura de vivir fuera de su país y, sobre todo, la amargura de la lesión y la satisfacción de someterla le hicieron un jugador más fuerte. Mejor. Hasta el punto de que, tras su segunda temporada en Marsella, este pasado verano aparecía ya en las agendas de media Europa.

Sería el Chelsea el que se llevaría el gato al agua, un traspaso “ilusionante”, como define él mismo en Goal, a un fútbol más intenso todavía que el francés. Un fútbol de muchos más quilates. Le costaría hacerse con un hueco en el cuadro blue. Poco aun así, para tratarse del equipo vigente campeón de Europa y de un jugador tan joven como el navarro, con apenas 23 años. Pero merecería la pena. “Soy mejor jugador ahora” explica Azpilicueta, que a día de hoy no sólo aporta un oficio defensivo todavía más afilado, sino también un mejor trato de balón, mayor recorrido aún en ataque, una capacidad ofensiva más madura, gracias en parte a esa constancia y afán de mejora, teniendo toda la banda derecha para sí en Stamford Bridge.

Era uno de los puntos negros del conjunto londinense, pero Azpilicueta parece haber rellenado ese hueco a ojos de su entrenador, y de su afición. Seguro en defensa, regular, solvente en ataque son las cualidades que han conquistado a Deschamps, Di Matteo, Benítez, y también ahora a Vicente Del Bosque, que ha confiado en sus cualidades por segunda convocatoria consecutiva. Seguro que Cesc Fábregas comprende al seleccionador, después de ver cómo en el entrenamiento de este miércoles le salvaba un gol sobre la línea tras una bella jugada individual con vaselina incluida a Pepe Reina. Los Juanfran, Montoya, e Iraola han sido algunos de los laterales que han pasado por esa posición junto a Arbeloa en un casting permanentemente abierto en los últimos tiempos en la selección española. La juventud y el salto cualitativo que ha dado este año en la Premier, hacen de Azpilicueta un indiscutible candidato a cerrarlo.

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