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El luso deja sin contestar una pregunta acerca de si es feliz hoy en día, lo que inevitablemente siembra nuevamente cierta zozobra sobre su continuidad en el equipo blanco

Día festivo en España, y día de festejos en el fútbol español, que coronó a los mejores de la pasada temporada de la mano y el criterio del diario Marca. Cristiano Ronaldo, entre ellos, como acreedor del Premio Di Stéfano al mejor jugador de la última Liga. Merecidísimo galardón, por delante de Leo Messi y Andrés Iniesta, contrariamente a lo que se votaría en el Balón de Oro y en la gala de UEFA de los pasados meses de agosto y enero, respectivamente.

Y objeto de las preguntas en el acto de entrega de los mencionados galardones, Cristiano Ronaldo dejó entrever cierta zozobra cuando se le cuestionó sobre si era feliz a día de hoy. Una duda del ‘7’, que es un escalofrío que recorre el cuerpo de todos y cada uno de los aficionados madridistas. No obstante, se trata del jugador franquicia de este Madrid, del pilar más robusto sobre el que asentar las bases de semejante proyecto deportivo. Imprescindible, incluso por encima de compañeros como Iker Casillas, Sergio Ramos o el propio José Mourinho, las vacilaciones sobre la continuidad del luso a colación de su felicidad hacen temblar los cimientos de la Casa Blanca del primer al último ladrillo.

Es el motor que tira del carro del Real Madrid, camino de seguir batiendo marcas individuales por doquier, ha cambiado su actitud ejerciendo de capitán de facto en la nave merengue y ganándose el cariño unánime del madridismo y el reconocimiento global del mundo del fútbol de un tiempo a esta parte. Parecía más unido al club merengue que nunca. Más que en años anteriores, y por supuesto mucho más que cuando en septiembre dijo que no era feliz por motivos profesionales. Y seguramente sólo necesitara de unos segundos para asimilar la pregunta y pensar la respuesta que dar, pero esos segundos son suficientes para que vuelvan a flotar en el ambiente las dudas sobre su affaire con el Real Madrid.

“La felicidad es interior, no exterior. No depende de lo que tenemos, sino de lo que somos” proclamaba el escritor estadounidense Henry Van Dyke. Y aunque pareciera que Ronaldo estaba más integrado que nunca, quién sabe si puede seguir sintiéndose fuera de lugar en este Madrid, por esos motivos que sólo él conoce y que ya le hicieron estallar en septiembre. Lo que sería un consumado fracaso de todos los que conforman el club blanco medio año después de aquello. Y es que la felicidad de Ronaldo se ha demostrado la felicidad del Real Madrid. En lo bueno, pero también en lo malo.


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