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Más que nunca, el conjunto catalán necesita de uno de aquellos movimientos geniales del de Santpedor que cambie la plomiza dinámica del equipo

Hace apenas diez meses que Pep Guardiola enfiló el camino de salida del Fútbol Club Barcelona, pero sus ecos resuenan con más fuerza que nunca después de que el Madrid venciera con autoridad en el Camp Nou y desatara el racimo de dudas más pronunciado en los últimos cinco años. Camina el Barcelona descabezado, ante la ausencia forzosa de Tito Vilanova y la falta de timonel de Roura. En lo deportivo y también en lo institucional. La denuncia arbitral adelantada del entrenador interino del club es difícil de imaginar bajo el caciquismo de Guardiola.

Roura sale en defensa de Messi
Uno de los principales resortes del Barcelona de Pep fue la innovación. A nivel de personal y sobre todo, tácticamente, el técnico siempre estuvo al acecho de la actualización. Su más famosa, la reubicación de Messi como delantero mentiroso la tarde del 2-6 en el Bernabéu cambió para siempre el sino del diez y del equipo. No fue la única permuta sobre lo establecido. Utilizó a Alexis de nueve, probó el 3-4-3 para acomodar a Cesc el año pasado y no cejó en su empeño de ensanchar el campo alistando a un futbolista como Tello, completamente diferente al resto de futbolistas que componen el plantel. Precisamente la alineación del extremo fue la principal sorpresa en el Clásico que definió la Liga pasada. La penúltima ‘Guardiolada’

El Barcelona pide a gritos un punto intermedio entre lo que coloquialmente se conocía como una ‘Guardiolada’ y el inmovilismo que está matando al actual equipo. El miedo al cambio está paralizando a un conjunto que se ha vuelto excesivamente predecible y monocorde.

Es difícil determinar si Roura tiene algún tipo de capacidad ejecutiva para tomar una decisión de alcance, como también alberga su cuota de escepticismo que Vilanova pueda dar un volantazo con un océano de distancia. Lo que está claro es que el Barcelona necesita de algún movimiento revitalizante. Punto por punto, el equipo cayó ante el Madrid en los mismos problemas que lo secaron en Milan. El problema no es que los rivales sepan a lo que juega el Barça. El problema ahora es que también saben a quién se van a enfrentar y no hay margen para la sorpresa. A la hora de preparar un partido contra el Barcelona, ha desaparecido el margen de lo inusual que perfectamente manejaba Guardiola.

Varios problemas están penalizando al Barcelona. La indeterminación de Cesc, que ni elabora ni llega; la reubicación consiguiente de Iniesta en la izquierda, que forzosamente tiene que abandonar ante el colapso de Cesc, abigarrando más si cabe los carriles centrales, y la ausencia de un delantero de referencia, que simplifica al máximo la vigilancia de los defensores sobre Messi, más neutralizable que nunca.

Entre estas fallas, la melancolía de Messi y el clamor popular que reclama a Villa andan Vilanova y Roura, que el otro día descartaron a Alexis. Parece que se ha secado el cemento en el Barcelona, y hay once futbolistas que juegan más allá de que sea lo mejor o no para el engranaje del equipo. A diez días del partido de vuelta ante el Milan, el Barça naufraga con pavor al cambio. Así se presentan en Chamartín, donde lo que está en juego es lo emocional. Guardiola hizo del Bernabéu el jardín de su casa. Muchas veces, gracias a cambios que pillaron completamente a contrapie a los entrenadores rivales. Necesita algo de esa esencia el Barcelona.

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