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El equipo blanco sometió a los blaugranas satirizando la distancia en Liga. Fue el partido soñado para el madridismo. El corresponsal Alberto Piñero lo analiza

“Hienas… vulgares e infames, carentes de toda virtud pero guiadas por mi talento e ingenio mi reino llegará a su plenitud”. No es el discurso de José Mourinho en el vestuario del Camp Nou antes del Clásico de este martes, no. Así comienza la canción de las hienas en la película de El Rey León, justo antes de tomar el territorio de los esbeltos leones. Aunque bien pensado, hilando lo que muchos dijeron del Real Madrid tras el partido de ida, no está mal tirado viendo cómo el equipo blanco despellejó completamente a un Barcelona impotente, y en su propio reino.

Como si los papeles se hubieran intercambiado en estos años, esta vez fue el equipo blaugrana el que pareció sin recursos, desalmado, sin cintura para reaccionar, completamente superado en cuanto encajó el primer puñetazo en la mandíbula. En buena medida, porque realmente este Barcelona parece efectivamente tan consumido como dejó ver en el Clásico y en San Siro. Pero sobre todo, porque el Real Madrid no sólo trazó un guión perfecto de cómo debía encarar al equipo blaugrana, sino que lo ejecutó sin un solo tachón.

Solidificó el centro del campo, con una presión incesante sin balón y una concentración superlativa, sabedor de que el Barcelona no viene jugando ni con un delantero fijo, ni con profundidad, ni por las bandas. Y ahí, con una defensa impoluta, le secó las ideas. Al contraataque, unos Cristiano Ronaldo y Mesut Ozil soberbios se bastaron para romper la frágil defensa local. Perfecto el partido de los dos, uno estirando el campo y encarando a los defensas, y el otro, contemporizando los contraataques para dilatar las posesiones y así poder fortalecer las embestidas.

Parece fácil a posteriori, pero no es así ni mucho menos. La teoría estaba ahí desde hace tiempo, y sólo con el paso de los Clásicos, ha podido ir tomándole la medida a la práctica. Tienen que coincidir también muchos factores para redondear un partido perfecto. Pero así fue como sucedió en el Camp Nou. “Hemos pasado los últimos quince minutos con tranquilidad” decía Butragueño. La guinda a un baño en toda regla, como diría Sandro Rosell. En actitud, en fútbol, en fuerza, en moral, y haciendo valer su propio estilo frente a la filosofía arquetípica del último lustro. El partido soñado para el madridismo. Sólo otro altercado en el parking del estadio blaugrana lo podría mejorar.

“Preparad nuestro golpe de estado, preparad vuestra risa voraz. Ser meticulosos y muy cautelosos, seréis mi venganza, mi gran esperanza. Un rey absoluto, amado y astuto. Temido, glorioso y audaz. Ese trono es mi gran ambición. Preparaos”. Así termina dicha canción, en boca del león Scar hacia sus hienas. Así podría ser el principio de la nueva temporada que se le abre ahora a este Real Madrid. Las hienas mostraron su hambre, sacaron sus dientes, y quién sabe si la yugular del Barcelona podría ser sólo la primera en ser mordida.

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