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Madrid, Barcelona y la relatividad del éxito

Ambos equipos cruzan los destinos en apenas una semana, y la concepción de la gloria de uno depende de la efectividad del otro. El corresponsal Alberto Piñero lo analiza

Real Madrid y Barcelona se juegan este martes su ser o no ser en la Copa del Rey. El equipo blanco pone además sobre la mesa media vida, una vez desahuciado en la Liga. Pues no puede permitirse el lujo de tirar ninguna opción a título. Dentro ya de un pésimo curso por la paupérrima imagen en la Liga, a dieciséis puntos del líder, sólo le queda la Champions y la Copa. O la Copa y la Champions, pero no hay más vuelta de hoja que esto. Camina sobre el filo de la montaña. Dicho lo cual, cabe recalcar que igual que a un lado tiene el precipicio, si no termina de desfallecer, hollar la cima todavía es una posibilidad real. Remota, pero real.

Y la ironía está en que es un año más el Barcelona el que tiene mucho que decir en ese sinuoso sendero hacia el éxito que viene trazando el Real Madrid. Y no sólo porque evidentemente se han cruzado en las semifinales de Copa y compiten por un mismo título de Liga. Sino porque el nivel al que una afición pone la gloria y el fracaso de su equipo depende mucho también del nivel de gloria y fracaso al que lo pone la de al lado, desafiando así la teoría de los vasos comunicantes.
EL MEJOR Y PEOR ESCENARIO PARA EL REAL MADRID
Ganar la Décima sería un sueño cumplido. El doblete, mágico. En el otro lado de la balanza, quedar fuera de todas las competiciones en febrero puede ser trágico. Las situaciones intermedias, muy interpretables.

La temporada pasada mismamente, la Copa del Rey conquistada por el Barcelona fue minusvalorada por la afición merengue al ser acreedores del título de Liga más caro de la historia, cuando un año antes la habían valorizado por el simple hecho de habérsela arrebatado a un Barcelona que aun así ganó Liga y Champions. Y todavía más reciente están las respectivas eliminatorias de Champions: cómo el empate merengue ante el ManU fue entendido como un fracaso, pero sólo hasta que el Barcelona perdiera en Milán por 2-0. La tristeza del rival eleva la euforia propia, y viceversa.

Y la encrucijada en la que se encuentran ahora Madrid y Barcelona es de órdago, jugándose la temporada en apenas unos días de margen, y además con el futuro de ambos cruzándose entre sí. Lo que por otra parte podría desfigurar la concepción del éxito al mezclarse los intereses blancos y blaugranas en el tiempo. Especialmente en el caso de los merengues, que ya saben que tienen la Liga imposible.

La situación ideal. Aun con la Liga perdida por mucho, si el Real Madrid ganara la Champions, la Décima haría olvidar todas las penas por la Liga con creces. Ganando la Copa, desde la Casa Blanca tendrían la coartada perfecta para justificar la temporada, y habiendo dejado al Barcelona y Atlético o Sevilla por el camino. Y por supuesto que ganando ambos títulos, no habría dudas de la valía de este Real Madrid pese al tortuoso sendero liguero durante todos estos meses precedentes.

El escenario infernal. Caer eliminado en Copa y en Champions en una sola semana y con tres meses por delante luchando por nada sería catastrófico para la entidad madridista. La primera temporada en blanco de Mourinho además. Y podría ser peor aún si encima el Barcelona remonta al Milan tras haber alcanzado la final de Copa en esta misma semana. La puntilla a una semana ‘horribilis’. Ni que decir tiene ya si los blaugrana firmasen un doblete, o incluso un triplete a final del curso.

La relatividad del éxito. Y ahora, entre esos dos extremos se suceden las situaciones abiertamente interpretables, en las que entran factores como la cercanía a la que se queda la cima, o incluso la cercanía a la que se le queda al rival. Así, en esta tesitura de intereses cruzados en tan poco margen de tiempo, seguro que habría aficionados merengues que darían por maquillada la temporada si el Real Madrid no ganase ningún título pero llegase a la final en Copa y fuera eliminado en la misma o superior ronda de Champions que un Barcelona que sumara únicamente una Liga que tiene en el bolsillo desde finales de noviembre.

Como las meigas, haberlos los habría seguro. Aunque nunca lo hubieran comprado así a principio de temporada, cuando el Real Madrid era aún candidato a todo. La relatividad del éxito.

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