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Jose Mourinho pone al Barcelona en su sitio

El técnico compareció en rueda de prensa y criticó con ironía a Jaume Roura y sus sospechas sobre la designación de Undiano Mallenco. El corresponsal Alberto Piñero lo analiza

A falta de unas horas para el Clásico de Copa de este martes entre Real Madrid y Barcelona, José Mourinho ha sorprendido a propios y extraños compareciendo en rueda de prensa ante los medios de comunicación. No se sabe muy bien si habrá sido idea suya, o si ha sido el mismo club el que ha decidido atarle en corto, pero sea como fuere, es un motivo para que el colectivo futbolístico se congratule. Los técnicos son los que mejor pueden transmitir las sensaciones de su propio equipo, alimentan la expectación de cualquier partido desde su perspectiva privilegiada, tienen una visión capaz de ilustrar a aficionados y especialistas como ningunos otros. Y aunque este lunes José Mourinho no haya estado especialmente locuaz, se agradece su aparición.

El madridismo le ha adoptado además como su portavoz y defensor ideal, y además en este caso concreto, seguro que estará especialmente satisfecho con el tantarantán que le ha dado este lunes a Jaume Roura, y al Barcelona en general después de que desde la Ciudad Condal se sembrara un halo de duda sobre la designación de Undiano Mallenco como el árbitro del Clásico. “Prefiero quedarme con las lecciones del Barcelona de deportividad, de cómo estar en el fútbol, de no presionar a los árbitros, no rodearlos, no simular, no buscar tarjetas, y obviamente cómo jugar al fútbol muy bien, que lo hacen muy bien” espetó irónicamente el técnico de Setúbal. Una forma elegante y hasta simpática de poner en su sitio al Barcelona.

Y es que lo cierto es que no le falta ni pizca de razón a Mourinho en su alocución. En los últimos tiempos, el Barcelona ha sido el adalid de los buenos valores en el fútbol. Y se ha vanagloriado de ello. Hasta puntos insospechado además. Y es una estrategia de imagen más que loable y entendible. Ahora, no para todos una mentira se convierte en verdad por mucho que se repita cien o diez mil veces. Y en ese sentido el Barcelona puede enarbolar la bandera de un fútbol preciosista y exquisito, de los títulos, pero en otras cuestiones relacionadas con la ética y la deportividad se ha comportado exactamente igual que los demás. Más o menos que uno o que otro, será discutible, pero también ha participado de esa otra cara del deporte rey.

Como deslizaba Mourinho, ha hablado de perjuicios arbitrales en rueda de prensa, ha simulado dentro del campo, ha apretado a los árbitros sobre el verde para su beneficio, ha cometido faltas graves de ética y deportividad. Ahora, con Guardiola, con Rijkaard, y antes del técnico holandés. Como todos. Y luego eso sí, en estos últimos tiempos se ha puesto toda la maquinaria a funcionar intentado vestir de seda a la mona. Pero como dice el refrán, mona se queda.

Y el mejor ejemplo está en el anterior Clásico, donde después de noventa minutos de deportiva cortesía, fue Leo Messi el que se salió del tiesto con sus conflictos contra Karanka y Arbeloa. Luego desde la televisión pública catalana (y patrocinadora del Barcelona) se compararía a los jugadores blancos con hienas, sin condena oficial alguna por parte del club blaugrana. Y todavía hubo algún jugador que espetaría que la realidad de todo era que desde Madrid querían pintar a Messi como el malo. Lo señalado por Mourinho aunque no verbalizado: lecciones y más lecciones sin fondo alguno.

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