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Un taconazo que bien valió 18 años de espera

El Real Madrid visita Riazor, un estadio que perdió su magnetismo contra los blancos después de que en 2010 Guti rompiera los esquemas de los presentes con una genialidad

El Real Madrid visita este sábado Riazor con el poso de que un moribundo Deportivo puede terminar realmente dañado si deja las mismas sensaciones como está haciendo durante todo este curso sobre el césped, y también a nivel institucional. Algo que hace no muchos años hubiera sonado a herejía en la Casa Blanca. Y es que hasta el pasado año 2010, el estadio deportivista era poco más o menos que una plaza maldita para el madridismo.

Dieciocho años estuvo sin ganar el Real Madrid en Riazor. Una marca más propia de meigas que de fútbol. Máxime cuando se trata de uno de los equipos más poderosos del panorama nacional. Hubo de llegar Florentino Pérez con sus galácticos para romper semejante nefasto registro en la primera temporada de su segundo mandato. Hubo de llegar Manuel Pellegrini para, con los goles de Granero y Benzema (2), doblegar al cuadro gallego en su propio feudo. Pero sobre todo, hubo de llegar la magia blanca de Guti para acabar con todos los maleficios.

Y es que si bien los goles los marcaron otros, aquel 1-3 en Riazor el 30 de enero de 2010 que sirvió para acabar con la maldición de 18 años sin ganar es recordado por el taconazo que el ‘14’ merengue le brindó a Benzema en la jugada del segundo gol. Se marchaba solo en profundidad, entró en el área encarando ya a Dani Aranzubia por su izquierda, y cuando todo apuntaba al remate, Guti se sacó de la chistera un taconazo atrás para que Benzema marcara a placer ante el estupor de todos los jugadores deportivistas, madridistas, espectadores, aficionados, y resto del mundo en general.

Una jugada tan plástica, tan armónica, tan coordinada que hubiera parecido orquestada una y mil veces. Y sin embargo fue únicamente fruto de la chispa espontánea del que fuera un genio con el balón como Guti. Un momento que quedará ya siempre en la retina de quienes lo pudieron vivir en primera persona. Un destello que marcó la historia reciente de la rivalidad entre Deportivo y Real Madrid. Un taconazo que bien valió 18 años de espera para el madridismo.

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