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La contradicción y auto-traición del Cholo Simeone

La convocatoria para la vuelta ante el Rubin Kazán anuncia el segundo capítulo de una historia tragicómica protagonizada por los rojiblancos en la última semana en la Europa League

No hay que engañarse: la Europa League no es la más guapa, tampoco la más lista, ni siquiera es deseada por todos, pero tampoco llega a ser su opuesto. Ni mucho menos: supone la cima, el culmen, el éxtasis con final feliz para el que, por motivos de diversa índole, no puede coronar cimas más altas. Es acogedora, enamora desde su sencillez, ofrece una chance a cualquiera que la quiera de verdad y pretenda conquistarla para conseguir una sonrisa tan inesperada como necesaria. Y eso es muy importante: a nadie le amarga un dulce. Bien lo sabe la directiva del Atlético de Madrid, su masa social, sus jugadores y, hasta hace poco menos de una semana, su cuerpo técnico. Sin embargo, todo ha cambiado con una lista de convocados por la que el Cholo Simeone parece ‘borrarse’ del grupo de pretendientes.

A pesar de que el bochornoso último gol del Rubin en el Vicente Calderón con el tiempo cumplido pasaba por ser una inoportuna ventosidad, la vuelta de estos dieciseisavos de final va camino de convertirse en una gran diarrea. Con perdón. Y de las que pueden marcar un antes y un después, además. Y es que lo que se presupuso que era un simple accidente, con la lista perpetrada por el Cholo, parece ser algo más. Evidencia, cuanto menos, una preocupante falta de motivación, amor propio y fe. Preocupante en sí mismo por tratarse justamente de unas señas de identidad grabadas a fuego en el seno interno del vestuario desde que llegara el míster argentino. Unas señas que, para más inri, la parroquia ‘atletista’ acogió y aceptó con suma facilidad y entusiasmo.

Simeone ha decidido dejar en Madrid a los habituales Arda, Filipe Luis, Godín, Gabi, Juanfran, Koke, Tiago y Diego Costa (sancionado), jugadores capitales en las alineaciones del bonaerense, no en vano cada uno de ellos se encuentra entre los 11 jugadores de campo con más minutos disputados.

Así, el Cholo se contradice: el “partido a partido” con el que se ha vanagloriado en cada comparecencia pública se guarda en el cajón del pasado en el primer momento crítico de la temporada, algo complejo de entender atendiendo a la mentalidad que le caracteriza. Se rinde antes de pelear. Inaudito en él. Porque lo que no puede pretender es hacer creer a los demás que está convencido de que la mejor manera de enfrentar el frío ruso es lejos del calor de sus estrellas.

Todo puede pasar, pero lo ya acaecido es una traición a sí mismo, a su plantilla y a la afición por parte del preparador, la cual es más inverosímil si cabe por inesperada. El Cholo llegó libre de complejos a un equipo sin amor propio, apeado y humillado en Copa del Rey por un 2ªB como el Albacete. Le dio descaro, le dio oficio, le dio, en definitiva, el ADN rojiblanco que reclamaba el Calderón desde tiempos inmemoriales. Pese a ello, ahora, días después del estrepitoso traspié en la ida, prefiere no arriesgar en la gélida Rusia, en una noche sin arte que, de ser peleada, bien podría guiar a otra final continental y quién sabe si a otra más en forma de una nueva Supercopa de Europa. Simeone es un entrenador a punto de tropezar dos veces con la misma piedra, lejos de intentar esquivarla. Y en menos de una semana. Una piedra que le aleja de su ‘a, b, c’, le pone en contra de sus principios y de sus vínculos con una grada que tanto le idolatra, y que supone un paso atrás en su propósito de revitalizar al equipo y devolverle la grandeza y mentalidad ganadora de la que ha hecho gala históricamente.   

Salvo sorpresa mayúscula, esta semana será recordada como la semana en la que Simeone se contradijo y traicionó, desechando sin escrúpulo alguno la competición que mayor prestigio le ha tributado al Atlético de Madrid en su más reciente Historia.

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