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El trescuartista español es el líder de un Málaga que afronta con ilusión la eliminatoria frente al Oporto asumiendo que en verano seguramente tenga que vender a su mejor jugador

Hay futbolistas a los que apenas un fogonazo puede alumbrar su carrera. Instantes que apuntan la dimensión alcanzable por un jugador. Suele ocurrir en noches de púrpura, cuando los grandes en cocción realizan su presentación pública. Así llego Isco a la Champions League, con una genialidad que definió punto por punto sus virtudes en el debut del Málaga ante el Zenit. El trescuartista español agarró el balón en el carril del once, dribló a un par de rivales, enfiló el área, recortó hacia el interior y definió al palo largo. Todo con la cabeza alta, como el mejor Henry en esta suerte de definición.

La gran semana de Isco
Ante el Oporto, Isco inicia su gran reto, seguramente su último gran desafío como jugador del Málaga. Tras ganar con suficiencia su grupo, el equipos español se enfrenta a un histórico, un conjunto atildado, vivero que siempre sirve como lanzadera de grandes semidesconocidos a los que convierte en estrellas y activos notoriamente lucrativos. Eso precisamente es el efecto que Isco ha experimentado en el Málaga. Hace dos semanas, el club lo renovó, estirando su cláusula hasta los 35 millones. Asumidos los problemas financieros, la renovación se interpreta como un último movimiento de una venta segura este verano, algo que el jugador asume para ayudar al club. “Debe ir a un grande”, opinaba Valdano. Antes, le queda el reto que comienza en Do Dragao: prolongar la aventura del Málaga.

“Haz lo que te de la gana, juega por donde quieras”, cuenta Cristian López, excompañero de Isco en el Valencia Mestalla, que le decían los entrenadores. Pocas consignas explican mejor el talento irrefrenable de Isco y su aprovechamiento. Así lo ha entendido Pellegrini, un entrenador poco intervencionista, de los que más carrete concede a los buenos.

Sustancialmente, nada ha cambiado la aproximación de Isco al juego respecto a su despunte en las categorías inferiores del Valencia. Es de esos futbolistas que piensa más rápido que juega, un tesoro para Pellegrini. Diestro sutil, el chileno acostumbra a acomodarlo en el costado izquierdo, una utilización similar a la que se realiza de Iniesta en la selección y puntualmente en el Barcelona.

La posición de partida es un punto orientativo, pues su incidencia es dinámica e incidente en todo el frente del ataque. Su conducción excelsa, virtud para el último pase, capacidad para trenzar jugadas y la llegada (es el máximo goleador del Málaga en Liga con ocho tantos), hacen de Isco un producto exclusivo al que sería un pecado limitar. No lo hace Pellegrini.

En su segunda temporada en el Málaga, la inestabilidad institucional ha marcado el devenir del equipo de la Costa del Sol. Obligado a vender a piezas como Rondón, Monreal, y sobre todo, Cazorla, Isco ha emergido para convertirse en el líder absoluto del equipo. A estas alturas de la temporada, acumula el doble de goles que en todo el curso pasado, ha crecido desde el punto de vista físico y recibe el tratamiento que merece. Ganador del Golden Boy en 2012, su debut con la selección española era la salida natural dadas sus características. “Tiene una asimilación perfecta para el estilo de España”, explicaba Valdano.

No hay límites para Isco, que con veinte años se asoma a los partidos más importantes de su incipiente carrera. El presente es brillante, y el futuro también le pertenece. En apenas cinco meses, se ha sobrepuesto a la marcha de Cazorla, a la convulsión del club y al torbellino imparable en el que se ha convertido su vida.

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