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Diego Simeone cometió una imprudencia ridícula en la derrota del Atlético

El técnico argentino ordenó subir a rematar a Asenjo en la última jugada del partido que desembocó en el segundo gol del Rubin Kazán en un lance de patio de colegio

Es posible que el árbitro debiera haber pitado el final del partido cuando el corner, con el tiempo cumplido, había desembocado ya en una segunda jugada. También es plausible pensar que Juanfran nunca debió permitir que la contra adquiriera vuelo. E igualmente lícito es barruntar por qué Orbaiz, que nunca fue un galgo, estuvo más audaz que cualquier jugador del Atlético de Madrid para poner la lanza y consumar una jugada esperpéntica, grosera para el vigente campeón de la Europa League.

Todos estos argumentos litigarían por sí solos contra el estrépito. Pero ninguno ahondaría en la irresponsabilidad iniciática que dejó una acción para el museo de los horrores del fútbol: la decisión de Cholo Simeone de alentar, o no impedir, la subida de su portero, fue un ejercicio difícilmente comprensible para un profesional del fútbol con noventa minutos por jugarse en el partido de vuelta. “La responsabilidad es mia”, reconoció el argentino.

Sería pueril ‘matar’ a Simeone por esta acción. La incidencia del Cholo en todo lo bueno que le ha ocurrido al Atlético Madrid durante los trece meses de su mandato es total. El técnico cogió a un equipo muerto, que apenas un año después luce en sus vitrinas la Europa League y la Supercopa continental, camina segundo en Liga y está a un paso de poder colarse en la final de la Copa del Rey.

Quizás por eso cuesta más entender qué pasó por la cabeza de Simeone, un detallista enfermizo, cuando fomentó una jugada imposible de entender con un partido de vuelta en el horizonte. Por primera vez desde que es entrenador, Simeone se dejó comer por los acontecimientos. Anoche, el técnico rebasó la delgada línea entre el riesgo y la estupidez.

No había sido una noche plácida hasta el momento para el Atlético de Madrid, en franca recesión en los últimos dos meses. Ha perdido el filo pretérito el conjunto de Simeone. Ya no presiona ni tan alto, ni tan junto, ni con tanto vigor. La pérdida de efervescencia del Atlético es la de Falcao, voluntarioso pero muy alejado de ser el factor letal en el área. Pese a que lo intentó por todos los medios, con abnegación, el equipo colchonero apenas encontró huecos en la cartesiana defensa rusa. Cuando lo hizo, la puntería le desasistió.

La última jugada resumió la desesperación a la que abocaron los acontecimientos al Atlético de Madrid. En un intento de buscar un resorte, Simeone terminó desmadejando la eliminatoria. La imagen fue ilustradora. Asenjo, que falló en el primer gol, corriendo desesperado detrás de un Orbaiz al que nunca alcanzó. La ansiosa carrera del portero ejemplificó la propia desesperación de Simeone, quien perpetró una decisión incomprensible.

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