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El presidente del Deportivo lleva un 'anus horribilis' en la entidad, con el equipo en descenso, la destitución de Oltra, la dimisión de Domingos y la entrada del club en concurso

Fin de la era Lendoiro. Ese podría ser el mejor resumen para ilustrar lo que está siendo esta temporada para el presidente del Deportivo, que ha tocado fondo como dirigente de un club al que consiguió alzar a los altares del fútbol en la década de los noventa. Todas esas noches gloriosas de Champions, la Liga ganada en la temporada 1999-00 se han quedado atrás y ahora el conjunto blanquiazul navega a la deriva. Ni un año después aún del ascenso, el Dépor ha tocado fondo. Un regreso inesperado a la élite que no está siendo como el que imaginaba y un equipo que ha perdido sus señas de identidad.

Con el conjunto sin terminar de despegar en la tabla, Lendoiro cesó a José Luis Oltra, el técnico del ascenso, y hombre que se había ganado el respeto de toda la plantilla y la confianza de hombres fuertes en el vestuario como Juan Carlos Valerón. La llegada de Domingos Paciencia, entrenador respaldado por su buena temporada en el Sporting de Braga, pero sin experiencia en la Liga Española, ha sido efímera y poco fructífera. Una victoria, un empate y cuatro derrotas fue el bagaje del luso, que tras perder ante el Granada tiró la toalla. Ahora llega Fernado Vázquez, pero está por ver si el técnico coruñés es capaz de enderezar un barco que parece que ya no va a llegar a ningún puerto.

Una plantilla en la que la planificación deportiva ha vuelto a brillar por su ausencia, con la llegada de jugadores que han resultado ser un fiasco (Roderick Miranda o Tiago Pinto, ambos ya fuera del club), otros como Evaldo, que no han dado nivel de Primera, o futbolistas con presumible proyección como Nélson Oliveira, que no están a la altura. Entremedias, las formas de Lendoiro, sobre todo respecto al cese del técnico valenciano, han hecho mella en hombres como Valerón, outrora persona de confianza del dirigente y que en un futuro se había acordado que pasase a formar parte del organigrama técnico del club. Se rumorea que el grancanario se plantearía irse al finalizar la temporada, según informó Marca hace apenas unas semanas.

Pero si la situación deportiva es mala, no es mejor la económica. El Deportivo tuvo que solicitar el Concurso de Acreedores a principios de año debido a las altas deudas contraídas con el fisco, consecuencia del despilfarro y la pillería durante muchos años del mandatario, que sabía siempre como sortear las denuncias y encontrar los agujeros legales. Se le acabó el rédito a Lendoiro, que está ahora a expensas de los administradores concursales y tiene atadas las manos. No terminan los problemas ahí del club, que adeuda a los futbolistas varias mensualidades. El levantamiento por parte de la jueza de 10,6 millones que Mediapro debía al Deportivo parecía aliviar la situación, pero un recurso presentado por la Agencia Tributaria ha paralizado la operación y la opción, por el momento, de que los blanquiazules puedan disponer del dinero. El horizonte se presenta ahora aún más negro, con Mediapro amenazando con liquidar el club si en quince días no cumple el auto de la jueza de pagar a los jugadores. Una situación límite la que vive el Deportivo, y un fin de era para Augusto César Lendoiro, que el pásado sábado en Riazor escuchó a la grada de Riazor pedir su dimisión. El ocaso de un líder.

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