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Un gigante dormido y un agónico despertar

Real Madrid y Sevilla se ven las caras este sábado en un partido descafeinado. Por la situación actual de los merengues, pero también por la decadencia hispalense

Real Madrid y Sevilla se ven las caras este sábado en el Santiago Bernabéu. Dos de los mejores equipos de España, en un marco incomparable, y sin embargo la expectación es mínima. Años anteriores se hubiera detenido el país. Hace apenas un par que se vieron las caras en Copa y saltaron chispas con la campaña en portugués para el partido en el Sánchez Pizjuán. Antes ya había rodado por los suelos Agustín Herrerín en el partido de Liga, inmerso en la trifulca entre ambos banquillos. Y un poco más atrás, hace seis años, José María Del Nido se pavoneaba ante Madrid y Barcelona cuando recogía el galardón al mejor equipo del mundo. Nada queda de todo aquello sin embargo.

El Real Madrid, un gigante dormido, zozobra a dieciséis puntos del liderato en Liga. Sus partidos son como una caja de bombones que diría aquel, no se sabe qué saldrá. Alterna encuentros asombrosos en el Santiago Bernabéu y también ante equipos grandes, frente a otros partidos bochornosos fuera de casa. Se entiende que atraviesa un gran bache, que ha perdido momentáneamente el rumbo. Porque desde luego que tiene mimbres para hacerlo mejor. Peor es lo del Sevilla.

Deambula por la zona media de la tabla de la Liga, sin que se intuya siquiera el halo de campeón que relucía hace algunos años. Es cierto que Unai Emery le ha podido devolver cierta consistencia en los últimos partidos pero, desde fuera, no parece que se pueda volver a ver próximamente un Sevilla ni parecido a aquel que ganó dos Copas del Rey y otras dos de la UEFA. Otrora fue un modelo a seguir tanto en la gestión económica como deportiva, ahora vive un agónico despertar de aquel dulce sueño.

Decía Federico Fazio a Goal.com entre dientes que si bien el equipo hispalense podía haber bajado su nivel, también el listón de los equipos medios de la Liga había subido. No es mala teoría, aunque creo que le restaba demasiada responsabilidad a su propio club. Un Sevilla que tuvo a tres entrenadores en sus diez años más lustrosos, y que ya encadena cinco técnicos en los últimos tres. Un Sevilla que ya no compra barato para vender caro. La materia prima escogida ya no se lo permite. Una lástima. Por el partido de este sábado, evidentemente por el sevillismo, pero también por todo el fútbol español.

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