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El futuro delantero de la Juventus protagonizó ayer en el Buesa Arena otro acto incomprensible tras celebrar eufóricamente una canasta del Barcelona al Real Madrid

OPINIÓN
El Athletic Club de Bilbao y sus aficionados empiezan a estar hartos de Fernando Llorente. Cuando parece que toda la polémica llega a su fin, el chico de Rincón de Soto parece que se empeña en ser una y otra vez el triste protagonista de la historia.

Ayer, lesionado, estuvo presenciando el encuentro entre el Real Madrid - Barcelona de la Copa del Rey de baloncesto junto a Xavi Hernández, algo que es totalmente comprensible y normal, ya que cualquier persona es libre de ir con sus amigos a cualquier lugar, ya sea a una boda o a una partida de golf. Lo increíble fue ver al delantero celebrar efusivamente una canasta decisiva de Erazem Lorbek, jugador del Barça. Sí, se le veía aún más feliz que al propio Xavi. Este gesto no ha quedado indiferente entre los aficionados del club merengue, equipo, por cierto, que se interesó varias veces por el futuro futbolista de la Juventus.


Por si fuera poco, en una entrevista muy reciente, el riojano declaraba que no había recibido "cariño" de parte de la Junta Directiva del Athletic a la hora de su renovación, después de que diera largas a la hora de firmar un nuevo contrato durante dos años. Primero las elecciones, después las finales, luego la Eurocopa y por último las vacaciones, fueron las excusas que puso mientras encontraba un nuevo equipo, algo que obviamente, al aficionado de San Mamés le ofendió y comenzó a silbar al punta.

Después de todo, sorprendentemente, ofreció una rueda de prensa en la que culpaba a la prensa de su situación. Yo no sé por quién está asesorado este chico, pero nadie le criticó en su racha de más de cinco partidos sin ver portería hace un par de temporadas. En cambio, y por poner un ejemplo, ya se está cuestionando la capacidad goleadora de Benzema e Higuaín en el Real Madrid tras estar tres partidos sin marcar. ¡Ya dudan hasta de Benzema e Higuaín!

El apodo de 'Fernandito' que le implantó Javier Clemente en su paso por el banquilo de San Mamés parece que no le viene grande a un individuo de casi 28 años, que pide "cariño" durante más de dos años a la vez de un contrato profesional y millonario.

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