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Cristiano Ronaldo, renovación y capitanía

El crack portugués merece que el Real Madrid lo trate como lo que es: El mejor jugador del mundo

OPINIÓN | QUILLO BARRIOS

Cuando Cristiano Ronaldo anunció su tristeza, muchos relacionaron el tema con algo económico y aseguraron que el portugués era un mercenario, como si el resto de futbolistas del planeta jugasen gratis.

Algunos gurús del periodismo llegaron a comparar al astro del Real Madrid con Lionel Messi, argumentando que el argentino era fiel al Barcelona y nunca alzaría la voz pidiendo un aumento. Tampoco hace falta, ya que La Pulga renueva cada vez que estornuda.

El problema es que Cristiano nunca estuvo triste por motivos económicos, tal y como él mismo ha reconocido recientemente. Su problema era anímico. Buscaba más cariño en el Real Madrid, más apoyo por parte de Florentino Pérez y compañía. Quería sentirse respaldado y querido.

Y mientras el club se daba cuenta del grito desesperado de CR7, el propio jugador se dedicaba a ser el héroe, partido tras partido, de un equipo sin rumbo, con alma en pena y sin armas futbolísticas que nos permitieran recordar que estábamos ante una serie de futbolistas que, pocos meses atrás, habían ganado la mejor Liga de la historia.

Cristiano dejaba sus sentimientos a un lado y se centraba en jugar, en ser el mejor. Cuando hablaba en zona mixta lo hacía con serenidad, intensidad y transmitiendo ideas colectivas. Como si de un capitán se tratase, el portugués arrimaba el hombro dentro y fuera del campo. Líder con sus goles y sus palabras, se fue ganando poco a poco el cariño de un Bernabéu que tiene más facilidad para aplaudir cracks rivales que para corear el nombre de los suyos.

... Y 2013 llegó. Leo Messi se llevó el Balón de Oro, pero Cristiano demostró que el mejor del mundo vestía de blanco y lucía el escudo del Real Madrid. El ex del United se mostraba cada vez más comprometido, dejando claro que sabe diferenciar lo personal de lo profesional. Un rendimiento sobrecogedor y una capitanía (sin brazalete) intachable fueron claves para convertirse en leyenda del madridismo.

Los que antes callaban o silbaban, ahora rezan para que Florentino Pérez, en año electoral, se ponga manos a la obra y logre sellar la renovación del Siete. Pero el mandatario blanco debe ir más allá. ¿Renovar? Sí. Y también entregarle el brazalete, con todo lo que ello conlleva, a un jugador que, sin llevar décadas en el Real Madrid, ha protagonizado un compromiso/rendimiento impresionante.

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