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Mourinho, atrapado en el Día de la Marmota

El Real Madrid volvió a perder en Andalucía, esta vez ante el Granada, acusando los mismos males que en anteriores ocasiones. El corresponsal Alberto Piñero lo analiza

El diminuto municipio estadounidense de Punxsutawney estuvo de celebración este sábado. A miles de kilómetros de distancia, en Madrid, no era festivo, pese a las muchas coincidencias. Pues mientras que en tierras americanas se celebraba el Día de la Marmota, en tierras españolas se vivía. En uno se esperaba la salida de una marmota para ponderar la duración del invierno, en otro parecía repetirse una y otra vez el mismo día, como en la película que hizo popular esta festividad para el gran público.

Volvía el Real Madrid a tierras andaluzas, y volvió a perder. Cuarta vez en cuatro visitas, y además de forma muy parecida a lo que ya sucediera en Sevilla ante el Betis y el propio equipo hispalense. Locales se adelantan temprano, y visitantes no son capaces de darle la vuelta al marcador acusando falta de claridad e incluso de actitud en algunos casos. Las cámaras enfocaban a José Mourinho, y cada vez se parecía más a Bill Murray. De Andie Mc Dowell nada se supo, eso sí.

Esta vez es cierto que no fue la falta de actitud el único ni el principal motivo, pues al Real Madrid se le vio con una predisposición positiva, aunque con muchísimos problemas para llevarlo a la práctica. Sufre este Madrid cuando se trata de proponer fútbol y de encarar defensas cerradas, y en Los Cármenes volvió a quedar patente. Y si a ese sempiterno problema se le une una pizca de falta de actitud, una miaja de falta de acierto, y una cucharada de cansancio, el coctel no puede ser más estomagante y diarreico. Sin restarle méritos al planteamiento de Lucas Alcaraz, ni a la solidaridad y el espíritu de los jugadores del Granada, claro.

Echa de menos este equipo a Mesut Ozil, sin duda. Venía siendo de los mejores en los últimos partidos, y la imponente imagen de sus abdominales en el imaginario no fue suficiente para ganar el partido. Luka Modric lo intenta, lo dejó todo sobre el césped, pero no tiene la estrella del ‘10’. Al menos de momento. Como tampoco la tienen ni Karim Benzema ni Gonzalo Higuaín, en lo que empieza a ser una situación preocupante. Y es que por mucho que tengas una plantilla de estrellas, ningún equipo puede sobrevivir tanto tiempo sin delantero centro. Y el Real Madrid lleva más del que se les puede permitir.

No le falta parte de razón a Mourinho y a Karanka cuando giran los focos hacia sus jugadores, señalándoles como culpables del bajo momento del Real Madrid. Y este mes de enero en el que algunos de ellos recuperaron su mejor versión se pudo ver un equipo con una cara mucho más aseada, y hasta lustrosa, como clara consecuencia. Claro que algo de responsabilidad debe tener también este cuerpo técnico cuando esos jugadores no dan el do de pecho.

Nuevamente tras la derrota en Granada, José Mourinho volvió a echarse la culpa con la boca pequeña, con ese tono amenazador de quien se sabe que pretende dar a entender todo lo contrario. Como las novias y su clásico “no te preocupes, si no me molesta”. El de Setúbal actúa igual. Y en Los Cármenes volvió a señalar a ‘los que ponen el calendario’, y a ‘algunos jugadores que no se sabía por qué estaban cansados’. Ahí fue cuando ya no se podía distinguir si hablaba Mourinho o el mismísimo Bill Murray. La mimetización era asombrosa. Quizás no fue el mejor momento para ello con la Champions tan cerca y después de haber recuperado sensaciones. Con tan poco margen para encontrar de nuevo esas ‘actuaciones ideales’ para poder salir del bucle en el que se halla otra vez inmerso. Mourinho en el Real Madrid, digo. No Murray en Punxsutawney.

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