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El luso se presenta al Clásico copero de este miércoles como el mejor recurso posible de un Real Madrid diezmado. No siempre fue así. El corresponsal Alberto Piñero lo analiza

Recibe el Real Madrid al Barcelona este miércoles en una situación precaria. La primera mitad de la temporada ha sido decepcionante, y ahora que llega el Clásico en pleno proceso de recuperación, José Mourinho pierde a jugadores importantísimos como Iker Casillas, Sergio Ramos, Pepe, Fabio Coentrao, o Ángel Di María. Cuatro de ellos, ‘titularísimos’ en este Madrid, aunque algunos por su mala cabeza deberían ser encerrados para los restos en las mazmorras del Santiago Bernabéu. Afortunadamente para el madridismo, el equipo blanco podrá contar con el que es su faro: Cristiano Ronaldo.

Los equipos llegan en situaciones radicalmente opuestas, pero ya sólo la presencia del ‘7’ blanco enciende la llama de la esperanza merengue, y levanta cierta zozobra entre el barcelonismo. Lógico. Viene de marcar siete goles en los últimos seis y decisivos Clásicos, incluidos los de Supercopa y los dos últimos de Liga en el Camp Nou. Es el segundo mejor jugador del mundo, para algunos el primero. Imprevisible, eléctrico, potente, depredador, llega en racha anotadora en este 2013 con diez dianas en seis partidos. Él solo puede desnivelar un partido, y tanto madridistas como culés lo saben a la perfección. Durante muchas semanas ha sido prácticamente el único que tiraba del carro merengue, y si además se le unen algunos de los talentosos jugadores merengues, la conexión con Mesut Ozil, Karim Benzema, o Luka Modric puede hacer saltar las chispas.

Certezas que, irónicamente, no siempre estuvieron ahí. Eran las semifinales de la Champions League de 2008 cuando Cristiano Ronaldo fallaba un penalti en el Camp Nou vistiendo la camiseta del Manchester United. No es jugador para las grandes citas, se dijo entonces. Poco después, ya en la final de esa misma edición de la Champions League, Ronaldo le marcaría un gol al Chelsea durante el tiempo reglamentario, el único de su equipo, pero en la tanda de penalties fallaría su lanzamiento. Sólo el resbalón de John Terry y el errático Anelka hicieron que el llanto desconsolado de Cristiano sobre el césped del Luzhniki fuera de alegría y no de desolación, como hubiera parecido apenas cinco minutos antes. No tiene las agallas necesarias, comentaron algunos aquella noche.

Ganaría el Balón de Oro, y firmaría el traspaso más caro de la historia del fútbol un año después, pero seguía sin entrar por los ojos a muchos. Se iría con las manos vacías el Real Madrid en la única temporada de Pellegrini. Qué despilfarro de fichaje el del luso para no ganar nada, era el chascarrillo. El primer Clásico de Mourinho contra el Barcelona acabaría con un 5-0 histórico. Culpa de Ronaldo, que no apareció ante Leo Messi, se escuchó. Esa misma temporada, con un Madrid campeón de Copa merced a un gol de Ronaldo en la final ante el Barcelona, todavía resonaban los ecos de aquellos que recelaban de su aportación. “Fue culpa de Pinto, si hubiera estado Valdés se lo hubiera parado”. Eso se decía por aquel gol en el torneo del KO, pero habiendo sido Bota de Oro rompiendo el récord de goles de Hugo Sánchez y Zarra en Liga, el torneo de la regularidad, todavía los había que decían que era jugador de cantidad pero no de calidad, esto es, de marcar muchos goles pero no los importantes: “sí muchos hat-tricks ante equipos de la zona media baja, pero ninguno a los de arriba” se fomentó equivocadamente.


Y de esto no hace tanto, aunque suene vetusto y parodiado. Apenas un año y medio sólo. Fue necesario que la temporada pasada el Real Madrid ganara la Liga, que Ronaldo batiera un récord al marcar a todos y cada uno de los equipos a los que se enfrentó en Liga, que goleara al Barcelona en el mismo Camp Nou, que se plantara con más goles que partidos en el Real Madrid, o que iniciara la senda hacia esa racha histórica de seis Clásicos consecutivos marcando para que ya nadie dudara de su aportación ni de su predisposición. Algunos lo siguieron intentando cuando falló en la tanda de penalties de la Champions ante el Bayern de Múnich. Y también cuando no llegó a tirar ningún penalti ante España en la Eurocopa después de haber metido a la ciclotímica Portugal en la semifinal del torneo continental.

Pero ya no colaba. Tampoco hoy, a escasas horas del Clásico de Copa. Por mucho que algunos se resistan a quitarle esa etiqueta de ‘el que siempre desaparece’. Como ya le sucedía a otro mítico ‘7’ del Real Madrid.

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